martes, 15 de septiembre de 2026

Indice dinámico

P R I M E R A    P A R T E 

Catequesis propedéuticas al Sacramento del Bautismo

FORMACIÓN PREBAUTISMAL PARA PADRES Y PADRINOS


P R E S E N T A C I Ó N   I

1. El Bautismo de tu hijo: mucho más que una tradición
2. El rito del Bautismo explicado paso a paso: ¿qué significa cada gesto?


S E G U N D A    P A R T E 

Temas de formación para preparar el Sacramento de la Confirmación


P R E S E N T A C I Ó N   II

I. LO QUE CREEMOS


II. VIVIR COMO JESÚS


III. CÓMO DEBEMOS ORAR


IV. PARA FINALIZAR LA PREPARACIÓN


T E R C E R A    P A R T E 

Otros temas para conocer y profundizar en la Doctrina Católica


P R E S E N T A C I Ó N   III









lunes, 14 de septiembre de 2026

2. El rito del Bautismo explicado paso a paso: ¿Qué significa cada gesto?

 CATEQUESIS PROPEDÉUTICAS AL SACRAMENTO DEL BAUTISMO (2)

Formación prebautismal para padres y padrinos


«El que no nazca del agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios» (Jn 3,5) 


1. CUANDO DIOS HABLA CON SIGNOS

El Bautismo dura unos minutos, lo que Dios hace en esos minutos dura toda la eternidad.

Hay celebraciones que emocionan por su belleza, el Bautismo suele ser una de ellas: la iglesia llena de familiares, un bebé en brazos, una vela encendida, unas gotas de agua sobre la cabeza… Pero existe una pregunta que merece ser planteada y respondida: ¿entendemos realmente lo que está ocurriendo?

La liturgia nunca hace gestos vacíos, cada palabra, cada movimiento y cada signo han sido transmitidos por la Iglesia durante siglos para anunciar una realidad invisible: Dios está actuando.

Hoy recorreremos el Bautismo como si camináramos por la iglesia, desde la puerta hasta el altar, descubriendo el lenguaje con el que Dios habla a cada niño que recibe este sacramento.


2. LA PUERTA: NADIE ENTRA POR CASUALIDAD

Curiosamente, el Bautismo no comienza en la pila bautismal, comienza en la puerta. No es un detalle protocolario, es un símbolo profundamente cristiano. Jesús dijo:

«Yo soy la puerta.» (Jn 10,9)

La puerta representa el paso hacia una vida nueva. Allí el sacerdote hace dos preguntas que parecen sencillas, pero que contienen toda una teología.

  • «¿Qué nombre habéis elegido para vuestro hijo?». En la Biblia el nombre nunca es un simple dato administrativo. Dios llama por su nombre a Abraham, Moisés, Samuel, María, Jesús… Llamar por el nombre significa reconocer una vocación. Cuando la Iglesia pronuncia el nombre del niño está diciendo algo muy profundo: «Dios conoce a esta persona desde siempre».
  • «¿Qué pedís a la Iglesia para vuestro hijo?» La respuesta es breve: «El Bautismo». No se está pidiendo una ceremonia, se está pidiendo una vida nueva en el Espíritu.


3. LA CRUZ SOBRE LA FRENTE: YA PERTENECES A CRISTO

El sacerdote traza una cruz sobre la frente del niño. Después invita a padres y padrinos a repetir el gesto. Es un momento muy delicado, la primera marca que recibe el niño es la cruz.

Durante siglos los cristianos han comenzado y terminado el día haciendo esa señal. ¿Por qué? Porque la cruz no recuerda solamente el sufrimiento y la muerte de Jesús, también, y sobre todo, recuerda el amor con el Cristo venció a la muerte para nuestra salvación. Ojalá ese gesto no quede limitado al Bautismo sino que, por el contrario, acompañe al bautizado durante toda su vida.

Muchos padres recuperan una antigua costumbre cristiana: hacer la señal de la cruz sobre la frente de sus hijos antes de dormir. Es una pequeña catequesis diaria que va calando en su alma.


4. LA PALABRA DE DIOS: ÉL HABLA PRIMERO.

Antes del agua viene la Palabra, ese orden es importante porque Dios siempre toma la iniciativa. Después nosotros respondemos, por eso se proclama el Evangelio.

Uno de los textos más apropiados es el mandato misionero: «Id y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.» (Mt 28,19). El Bautismo no nació como una tradición inventada por la Iglesia, nace del mandato directo de Cristo resucitado.


5. LOS SANTOS TAMBIÉN ESTÁN PRESENTES

Después llegan las letanías. Algunas personas se sorprenden: «¿Qué hacen aquí tantos santos?» La respuesta es muy sencilla, una familia acaba de recibir un nuevo miembro y toda la familia viene a darle la bienvenida. 

La Iglesia no está formada únicamente por quienes estamos en la tierra (Iglesia militante), también participan quienes ya viven junto a Dios (Iglesia triunfante), y por eso invocamos a la Santísima Virgen María, a San José, a los apóstoles y a tantos santos que han recorrido antes el camino de la fe.


6. EL ÓLEO DE LOS CATECÚMENOS: DIOS FORTALECE ANTES DEL COMBATE

Antes del agua aparece el aceite. En la antigüedad los atletas se ungían antes de competir, los guerreros también eran ungidos antes de la batalla. La Iglesia conserva esa imagen, pues la vida cristiana no será siempre fácil, tenemos que estar preparados para entablar la batalla contra el mal. 

«Nosotros que somos el día, seamos sobrios, revistiéndonos con la coraza de la fe y del amor, y con el yelmo de la esperanza de la salvación.» (1Tes 5,8)

El Bautismo no elimina las dificultades de la vida de este mundo, pero desde el principio de nuestra vida en Cristo tendremos poderosos aliados –comenzando por Dios y siguiendo por la Santísima Virgen María, los santos, los ángeles, los arcángeles y por toda la corte celestial– que nos darán la fortaleza necesaria para afrontar toda dificultad y tribulación. Por ello, este óleo recuerda que nunca caminaremos solos, y no sólo estaremos acompañados por nuestra familia del cielo, sino que tendremos la certeza de que la batalla final contra el mal está ganada de antemano, si nos mantenemos fieles a Nuestro Señor Jesucristo.

«Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.» (Mt 16, 18)

El sacerdote aplica el aceite –que es puro de oliva, no confundir con el aceite del Santo Crisma, que se utilizará después de haber recibido el agua bautismal– sobre el pecho o en las manos del niño.


7. EL AGUA: TODA LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN DESEMBOCA AQUÍ

Llegamos al centro de la celebración: la pila bautismal.

Pocas son las oraciones del Ritual Romano tan ricas como la bendición del agua. El sacerdote bendice el agua recordando cómo Dios ha utilizado este elemento desde el comienzo del mundo.

(Aunque este aspecto ya ha sido tratado en la catequesis previa, vamos a profundizar un poco más en las cinco grandes aguas de la Biblia.)

La liturgia hace memoria de una historia fascinante:

  • La Creación. «El Espíritu de Dios se cernía sobre las aguas.» (Gén 1,2). San Basilio decía: «El agua recibe la gracia mediante la presencia del Espíritu».
  • El Diluvio. La oración recuerda después a Noé, porque el Diluvio destruye el pecado y salva a una familia. «Aquello (el Diluvio) era también un símbolo del bautismo que actualmente os está salvando, que no es purificación de una mancha física, sino petición a Dios de una buena conciencia, por la resurrección de Jesucristo.» (1P 3,21)
  • El Mar Rojo. Este episodio es fundamental. Israel sale de Egipto, pero aún no es libre, la libertad llega después de atravesar las aguas. De nuevo nos encontramos con una prefiguración del Bautismo donde vemos cómo el pueblo de Israel es liberado de la esclavitud al atravesar las aguas del Mar Rojo. La esclavitud de la que nos libera el Bautismo es la del pecado, naciendo a la vida en Cristo limpios de todo pecado.
  • El Jordán. ¿Por qué Jesús se bautizó? Los padres de la Iglesia son unánimes en su respuesta: «No fue Cristo quien necesitó el agua, fue el agua quien necesitó a Cristo». San Gregorio Nacianceno dice: «Cristo desciende para santificar las aguas». Así pues, desde aquel glorioso momento, toda el agua bautismal queda vinculada a Cristo.
  • El costado abierto de Cristo. Llegamos al punto culminante. San Juan escribe «… uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua» (Jn 19, 34). Es el nacimiento de la Iglesia, el agua es el Bautismo y la sangre la Eucaristía. Como Eva nació del costado de Adán, la Iglesia nace del costado del nuevo Adán, Jesucristo, Hijo de Dios y Señor nuestro.

Después de recordar toda esta historia, el sacerdote pide que el Espíritu Santo descienda sobre el agua, no para que cambie su composición química, sino porque Dios quiere servirse de ella como instrumento de gracia. El agua sigue siendo agua, pero Dios actúa por medio de ella.


8. LAS RENUNCIAS: LA PRIMERA GRAN DECISIÓN DEL CRISTIANO

Antes de proclamar un «creo», la tradición invita primero a pronunciar un «renuncio». Más que una imposición, la fe concibe este paso como un acto de coherencia y liberación: es el gesto de vaciar las manos antes de recibir algo nuevo.

Jesús presenta constantemente dos caminos: luz o tinieblas, vida o muerte, Dios o el diablo. Y el Bautismo implica tomar el camino de luz, vida y salvación eterna. Por eso el sacerdote hace las siguientes preguntas a los padres y padrinos que responden en su propio nombre y en representación del niño, asumiendo el compromiso de educarlo en esa fe:


Las tres preguntas de renuncia al mal

El sacerdote hace tres preguntas directas, a las cuales los padres y padrinos responden conjuntamente: «Sí, renuncio».

SACERDOTE: —«¿Renunciáis al pecado para vivir en la libertad de los hijos de Dios?»
RESPUESTA: —«Sí, renuncio.»

SACERDOTE: —«¿Renunciáis a las seducciones del mal para que el pecado no domine en vosotros?»
RESPUESTA: —«Sí, renuncio.»

SACERDOTE: —«¿Renunciáis a Satanás, padre y autor del pecado?»
RESPUESTA: —«Sí, renuncio.»

(En algunas diócesis o países se puede usar una fórmula alternativa formulada en una sola pregunta o adaptada, pero la estructura clásica y oficial del Ritual es esta triple renuncia).
La Profesión de Fe (La respuesta positiva)

Inmediatamente después de renunciar al mal, el sacerdote pide a los padres y padrinos que profesen la fe de la Iglesia en la que va a ser bautizado el niño. Para ello hace tres preguntas sobre las verdades fundamentales del Credo:

SACERDOTE: —«¿Creéis en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra?»
RESPUESTA: —«Sí, creo.»

SACERDOTE: —«¿Creéis en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que nació de la Virgen María, padeció, fue sepultado, resucitó de entre los muertos y está sentado a la derecha del Padre?»
RESPUESTA: –«Sí, creo.»

SACERDOTE: —«¿Creéis en el Espíritu Santo, en la Santa Iglesia Católica, en la comunión de los santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de la carne y en la vida eterna?»
RESPUESTA: «Sí, creo.»


El asentimiento de la comunidad

Tras las respuestas de los padres y padrinos, el sacerdote culmina este bloque confirmando la fe que todos acaban de profesar con esta aclamación:

SACERDOTE: —«Esta es nuestra fe. Esta es la fe de la Iglesia, que nos gloriamos de profesar en Jesucristo, Señor nuestro.»
TODOS LOS ASISTENTES RESPONDEN: —«Amén.»

Acto seguido, el sacerdote pregunta a los padres y padrinos si desean concretamente que el niño reciba el Bautismo en esa fe que acaban de profesar («¿Queréis, por tanto, que N. sea bautizado en la fe de la Iglesia que todos juntos acabamos de profesar?»), a lo que responden «Sí, queremos», pasando inmediatamente a la pila bautismal.

De igual manera que en el rito del Bautismo los padres y padrinos prestan su voz al niño, durante unos años seguirán con esa hermosa pero grave responsabilidad. Pero llegará un día –en la Confirmación y después durante toda su vida– en que será él quien diga personalmente:

—«Creo.»

Por eso estas respuestas no deberían pronunciarse de manera automática y sin una reflexión profunda sobre su trascendente significado, son un serio compromiso.

Finalmente el sacerdote derrama tres veces el agua, y pronuncia las palabras que Cristo dejó a su Iglesia.

—«Yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.»

En ese instante sucede todo lo que explicábamos en la primera entrada, el bautizado:
  • Nace a una vida nueva.
  • Es hijo de Dios.
  • Recibe el Espíritu Santo.
  • Entra a formar parte en la Iglesia como miembro de pleno derecho.
  • Queda unido para siempre a Cristo.
La liturgia es muy sobria, pero el cielo entero celebra este gran acontecimiento.

9. EL SANTO CRISMA: AHORA PARTICIPAS DE LA MISIÓN DE CRISTO

Ahora, a diferencia del aceite de protección, recibido anteriormente, llega la aplicación de otro aceite muy distinto, es el Santo Crisma. Con él eran ungidos los reyes, los sacerdotes, los profetas, y ahora, el niño participa de la misión de Cristo, que reúne esas tres dimensiones.

Al ser ungido con el Santo Crisma en la coronilla, el bautizado queda configurado con Cristo (cuyo nombre significa precisamente «el Ungido») y participa de sus tres funciones o atributos esenciales:

  • Sacerdote. Significa la capacidad de ofrecer la propia vida como culto a Dios. No se refiere al sacerdocio ministerial (el del cura), sino al sacerdocio común de los fieles: transformar el trabajo cotidiano, los estudios, la familia, las alegrías y las dificultades en una oración y una ofrenda agradable a Dios.
  • Profeta. Le otorga la misión de ser testigo y portavoz de la verdad de Dios. Un profeta no es quien adivina el futuro, sino quien anuncia el mensaje del Evangelio con su palabra y estilo de vida, denunciando las injusticias y transmitiendo esperanza en su entorno.
  • Rey. En el sentido cristiano, «reinar es servir». Este atributo le otorga la dignidad de hijo de Dios –liberado de la esclavitud del pecado– y el llamado a ejercer el liderazgo mediante el servicio a los demás, especialmente a los más necesitados, imitando a Jesús, que vino «a servir y no a ser servido».

A través de esta unción, la Iglesia expresa que incluso el bebé más pequeño recibe desde ese momento una dignidad plena y una misión única en el mundo.


10. LA VESTIDURA BLANCA: REVESTIDOS DE CRISTO

La vestidura blanca representa el cambio interior y la nueva condición de la persona bautizada:

  • Pureza y perdón de los pecados. El color blanco simboliza la limpieza del alma, la eliminación del pecado original (y de todo pecado personal en el caso de los adultos) y el estado de gracia con el que renace la persona.
  • Revestirse de Cristo. Evoca las palabras de San Pablo: «Los que han sido bautizados se han revestido de Cristo» (Gál 3, 27). El traje funciona como una metáfora visual: la persona no sólo limpia su vida, sino que adopta la identidad, la vida y los valores de Jesús.
  • Dignidad de hijo de Dios. Es una prenda de honor que distingue al bautizado como miembro renovado de la Iglesia.
  • Compromiso de por vida. Durante la entrega del vestido, el sacerdote pronuncia una oración que invita a conservar esa vestidura «sin mancha» –manteniendo la integridad y la fe– hasta la vida eterna.

11. LA VELA: UNA LUZ QUE NECESITA ALIMENTARSE

El cirio encendido (o vela bautismal) simboliza la luz de Cristo resucitado recibida por el bautizado para iluminar su vida.

  • Cristo como Luz del mundo. La llama se enciende directamente del Cirio Pascual, indicando que el bautizado pasa de las tinieblas del pecado a la luz de la fe.
  • Guía y testimonio. Significa la misión de mantener viva esa fe en el día a día para ser, a su vez, «luz para los demás».
  • Responsabilidad compartida. Se entrega a los padres y padrinos con el encargo de cuidar y hacer crecer esa llama en la educación del niño.

Después el sacerdote dice unas palabras dirigidas especialmente a padres y padrinos:

—«A vosotros se os confía alimentar esta luz.»

No dice «conservarla», dice «alimentarla»; y esa diferencia cambia todo, la fe es como un fuego que necesita alimento: la oración, la Palabra, los sacramentos…


12. LA BENDICIÓN FINAL: COMIENZA EL VERDADERO CAMINO

La conclusión del rito nos lleva desde la pila bautismal hasta el altar, donde se desarrollan dos momentos clave:

  • Procesión y Padrenuestro. Todos caminan desde la pila bautismal hacia el altar. Al llegar al altar, la asamblea reza unida el Padrenuestro. Es un gesto con un simbolismo litúrgico muy fuerte: el niño, recién bautizado y hecho hijo de Dios, «reza» por primera vez la oración de los hijos en la mesa de la Eucaristía a través de la voz de la Iglesia.
  • Las Bendiciones solemnes. A continuación, el sacerdote imparte las bendiciones finales por separado: 
    • Bendición a la madre. El sacerdote pide a Dios que colme de gracias a la madre, agradeciendo el don de la vida y pidiendo que sea la primera testigo de la fe para su hijo.
    • Bendición al padre. Otorga la gracia al padre para que sea, junto con su esposa, ejemplo de fe y amor con sus palabras y obras.
    • Bendición a la comunidad y padrinos. Se pide la protección de Dios para todos los presentes, enviándolos en paz a vivir su compromiso cristiano en el mundo.


13. CONCLUSIÓN: EL BAUTISMO NO TERMINA EN LA PILA, COMIENZA AL FINALIZAR EL RITO

Cuando las velas se apagan, el agua se seca y las bendiciones finales resuenan en la iglesia, el rito no ha llegado a su fin; en realidad, acaba de comenzar.

El Bautismo no es sólo una hermosa ceremonia familiar ni un trámite de bienvenida. Es la entrega de un tesoro: una semilla de vida divina, una identidad incorruptible como hijo de Dios y una luz que jamás debe extinguirse. 

Los signos que hemos recorrido —la renuncia que nos libera, la fe que nos une, la unción del Crisma que nos da dignidad de reyes y el cirio que ilumina la oscuridad— no son meros adornos litúrgicos. Son el mapa de ruta para toda la vida.

A ustedes, padres y padrinos, no se les pide que sean perfectos, sino que sean custodios de este regalo. Cada vez que enseñen a su hijo a perdonar, a servir, a buscar la verdad y a rezar ese Padrenuestro con el que cerramos la celebración, estarán haciendo que su vestidura blanca siga resplandeciendo.

El sacerdote derrama el agua en la pila, pero a ustedes les toca regar esa fe día a día.


14. FUENTES BIBLIOGRÁFICAS

1. Magisterio de la Iglesia Católica
  • Catecismo de la Iglesia Católica (CIC)
    • Artículos principales sobre el Bautismo: nn. 1213–1274.
    • Sobre el concepto de Sacramento: nn. 1113–1131.
    • Sobre la fe y la comunidad: nn. 1253–1255.
    • Sobre los deberes de la familia cristiana: nn. 2221–2231.
2. Libros Litúrgicos Oficiales
  • Ritual del Bautismo de NiñosComisión Episcopal de Liturgia de la Conferencia Episcopal Española / Edición para la Liturgia (Ritual Romano promulgado por decreto del Concilio Vaticano II y renovado por mandato del Papa Pablo VI).
  • Praenotanda (Observaciones generales y pastorales para la preparación de los padres y padrinos).
3. Derecho Canónico
  • Código de Derecho Canónico (CDC)
    • Canon 849–874: Del sacramento del Bautismo (normativa sobre la celebración, la obligación de la catequesis prebautismal para padres/padrinos y los requisitos para ser padrino).
    • Canon 226, § 2; Canon 774, § 2: Sobre la obligación de los padres de educar a sus hijos en la fe católica.
4. Sagrada Escritura (Citas bíblicas utilizadas)
  • Génesis 1, 2: El Espíritu sobre las aguas en la Creación.
  • Jeremías 1, 5: «Antes de formarte en el vientre te conocía».
  • Evangelio según San Mateo 3, 13–17; 28, 19–20: El bautismo de Jesús en el Jordán y el mandato misionero del Señor.
  • Evangelio según San Juan 3, 1–6; 10, 9: Diálogo con Nicodemo («Nacer del agua y del Espíritu») y Cristo como Puerta.
  • Evangelio según San Lucas 2, 51: María guardaba todas las cosas en su corazón.
  • Primera Carta de San Pedro 3, 20: La salvación a través del agua del Diluvio como prefiguración.


1. El Bautismo de tu hijo: Mucho más que una tradición

 CATEQUESIS PROPEDÉUTICAS AL SACRAMENTO DEL BAUTISMO (1)

Formación prebautismal para padres y padrinos


«Antes de formarte en el vientre te conocía» (Jer 1,5)


1. EL BAUTISMO: EL MAYOR REGALO QUE PUEDES HACER A TU HIJO

Hay regalos que duran unos meses. Otros acompañan toda la vida. Y hay uno que trasciende incluso la muerte: el Bautismo.

Muchos padres llegan a la parroquia con una sencilla solicitud: «Queremos bautizar a nuestro hijo». Tras esa petición hay motivos muy diversos. Algunos hablan de tradición familiar; otros recuerdan el deseo de los abuelos; otros simplemente quieren «lo mejor» para su hijo…

La Iglesia acoge esas motivaciones con respeto, pero propone una pregunta más profunda: ¿sabemos realmente qué ocurre cuando un niño es bautizado? El Bautismo no es una ceremonia para poner un bonito recuerdo en el álbum familiar. Es el comienzo de una historia nueva entre Dios y ese niño.


2. EL BAUTISMO ES, ANTE TODO, UN SACRAMENTO

Antes de hablar del Bautismo conviene detenernos en un palabra que los católicos usamos con frecuencia, pero que quizás no siempre comprendemos en toda su integridad: sacramento.

¿Qué es un sacramento? El Catecismo de la Iglesia Católica lo define como un «signo eficaz de la gracia, instituido por Cristo y confiado a la Iglesia, por el cual nos es dispensada la vida divina» (CIC 1131). Es una definición muy rica y merece la pena desgranarla brevemente.

Un sacramento es, ante todo, un signo visible. Dios conoce nuestra condición humana y sabe que aprendemos a través de los sentidos. El agua limpia, el aceite cura, la luz ilumina, el pan alimenta… Por eso toma realidades sencillas de la vida cotidiana y las convierte en instrumentos de su gracia.

El Señor dejó instituidos siete sacramentos, los tres primeros constituyen los sacramentos de la iniciación cristiana: Bautismo –nos hace nacer a la vida de Dios–, Confirmación –nos fortalece con el Espíritu Santo–, Eucaristía –alimenta nuestra unión con Cristo–, Penitencia –nos reconcilia con Dios–, Unción de enfermos –nos sostiene en la enfermedad–, Orden sacerdotal –configura a los llamados para servir al pueblo de Dios–, y Matrimonio –santifica el amor entre los esposos–.

No son ritos aislados, sino un verdadero itinerario de gracia que acompaña toda la vida del creyente.

Entre todos ellos, el Bautismo ocupa un lugar único. El Catecismo llama al santo Bautismo «el fundamento de toda la vida cristiana», «pórtico de la vida en el espíritu» y «la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos» (CIC 1213). Sin él no pueden recibirse los demás sacramentos, porque es el que nos incorpora a Cristo y a su Iglesia.

Jesús lo explicó con palabras sorprendentes cuando habló con Nicodemo: 

«El que no nazca del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. (Jn 3,5)

Nicodemo no entendía cómo podía alguien nacer dos veces. Nosotros tampoco lo entenderíamos si pensáramos sólo en el nacimiento físico. Pero Jesús habla de otro nacimiento: el primero nos lo dan nuestros padres, el segundo nos lo regala Dios.

Comprender esto cambia nuestra manera de mirar la celebración. No acudimos simplemente a una ceremonia emotiva o a una tradición familiar. Nos acercamos al momento en que Dios abre para un niño la puerta de la existencia completamente nueva, una vida que comienza en esta tierra y está llamada a culminar en la eternidad.


3. LOS CUATRO GRANDES REGALOS DEL BAUTISMO

  • Nos hace hijos de Dios. Este es el regalo más grande. No significa que antes Dios no quisiera al niño. Significa que ahora participa de una manera completamente nueva en la vida misma de Dios. Desde ese momento puede llamar a Dios «Padre» con pleno derecho. No es una metáfora. Es una realidad sobrenatural.
  • Nos libera del pecado. Aquí conviene aclarar una duda frecuente. Muchos preguntan: «¿Qué pecado tiene un bebé?» Ninguno personal. La Iglesia no bautiza porque el niño haya hecho algo malo. Lo bautiza para introducirlo plenamente en la vida de Cristo y liberarlo de la condición humana herida por el pecado original. El Bautismo borra el pecado original y restituye la gracia, aunque permanezca la inclinación al pecado (concupiscencia), inaugurando así una existencia reconciliada con Dios.
  • Recibimos el Espíritu Santo. Cuando Jesús salió del Jordán, el Espíritu descendió sobre Él. Ese mismo Espíritu es derramado sobre el bautizado. No se trata de una energía impersonal. Es la tercera Persona de la Trinidad, que comienza a habitar en el alma del cristiano.
  • Entramos en una familia nueva. La concepción y nacimiento de un hijo van acompañados de un sentido de acogida en el seno de la familia –padre, madre, hermanos, abuelos…–. El Bautismo ofrece la posibilidad de pertenecer a una familia extraordinariamente grande, la familia de la Iglesia, pero no sólo la de la Iglesia militante/peregrina/, sino también la purgante/purificante y la triunfante/gloriosa. No entra, simplemente, a formar parte de la vida en una parroquia, es reconocido como miembro de pleno derecho del Pueblo de Dios. 


4.  SIGNO SENSIBLE DEL BAUTISMO: EL AGUA

El agua aparece constantemente en la Biblia. No es casualidad. Dios fue prefigurando durante siglos el significado del Bautismo.

  • En la creación, «el Espíritu de Dios se cernía sobre las aguas» (Gen 1,2).
  • En el Diluvio, el Arca de Noé: «unos pocos, es decir, ocho personas, fueron salvados a través del agua» (1P 3,20).
  • En el paso del Mar Rojo, «verdadera liberación de Israel de la esclavitud de Egipto, es el que anuncia la liberación obrada por el Bautismo.» (CIC 1221).
  • En el paso del Jordán, donde el Bautismo vuelve a ser prefigurado, pues «el pueblo de Dios recibe el don de la tierra prometida a la descendencia de Abraham, imagen de la vida eterna» (CIC 1222).
  • «Todas las prefiguraciones de la Antigua Alianza culminan en Cristo Jesús. Comienza su vida pública después de hacerse bautizar por san Juan el Bautista en el Jordán (Mt 3,13) y, después de su Resurrección, confiere esta misión a sus Apóstoles : “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado.”» (Mt 28, 19-20; Mc 16, 15-16) (CIC 1223).

Toda la Historia de la Revelación conduce hasta la pila bautismal, cuando el sacerdote derrama el agua diciendo:

«N., yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo»

La Iglesia enseña que es Cristo quien bautiza, aunque actúa por medio del ministro, que es el instrumento visible de Su acción. No es ficción. Es sacramento.


5. LA FE: UN REGALO QUE NECESITA CRECER

Aquí aparece una cuestión decisiva, si el niño todavía no puede creer, ¿por qué lo bautizamos? Porque la fe comienza siempre como un don.

«El Bautismo es el sacramento de la fe. Pero la fe tiene necesidad de la comunidad de creyentes. (…) La fe que se requiere para el Bautismo no es una fe perfecta y madura, sino un comienzo que está llamado a desarrollarse» (CIC 1253), por eso la Iglesia pregunta a los padres y padrinos si están dispuestos a educar al niño en ella.

Es una imagen preciosa: durante unos años prestaréis vuestra voz a vuestro hijo, más adelante será él quien responda personalmente.


6. ¿PADRES O PADRINOS?

Según la disciplina de la Iglesia Católica, la catequesis prebautismal debe recibirla principalmente el padre y la madre del niño, y también conviene que participen el padrino y la madrina. En la práctica, lo normal es que se invite a los cuatro.

¿Qué es lo que dice concretamente la Iglesia Católica? El Código de Derecho Canónico, canon 851, 2º, establece:

«Los padres del niño que va a ser bautizado, y asimismo quienes van a asumir la función de padrino, han de ser convenientemente instruidos sobre el significado de este sacramento y las obligaciones que lleva consigo»

¿Por qué los cuatro? Los padres son los primeros responsables de educar al hijo en la fe (CIC 1253-1255). Los padrinos no son una figura simbólica; tienen la misión de ayudar a los padres para que el bautizado viva como cristiano (CIC 1255).

Por ello la elección de los padrinos no debe realizarse por amistad o compromiso familiar, el padrino debería ser un católico practicante –como los padres– capaz de acompañar al ahijado en su crecimiento cristiano, no sustituye a los padres, camina junto a ellos. Y quizás llegue un día en que ese niño –o adulto– necesite precisamente ese apoyo.


7. DEBERES Y COMPROMISOS DE PADRES Y PADRINOS

La Iglesia atribuye a los padres una responsabilidad mucho más amplia que a los padrinos: son los primeros y principales educadores de sus hijos en la fe. Estos deberes aparecen en el Catecismo de la Iglesia Católica (1253, 1255, 2221-2231), en el Código de Derecho Canónico (canon 226, 2 y 774, 2) y también en el Ritual del Bautismo: «¿Sois conscientes de la responsabilidad que contraéis de educarlo en la fe?»

Así pues, los padres se comprometen a:

  • Pedir el Bautismo con fe y responsabilidad.
  • Educar al hijo en la fe católica.
  • Enseñarle a rezar.
  • Darle ejemplo de vida cristiana.
  • Llevarlo a Misa y a la vida de la Iglesia.
  • Prepararlo para la Confesión, la Eucaristía y la Confirmación.
  • Ayudarle a descubrir y vivir su vocación cristiana.

Los Padres de la Iglesia denominaban a los padrinos con los términos «sponsor» o «fideiussor» –aunque realmente provienen del derecho romano adoptado por la tradición canónica y patrística (San Agustín, Tertuliano)–, es decir, el que responde por la fe del bautizado y se compromete a acompañarlo. Por lo tanto, los deberes de los padrinos para con su ahijado son:

  • Acompañarlo en el crecimiento de la fe.
  • Dar ejemplo de vida cristiana.
  • Ayudar a los padres en la educación católica de su ahijado.
  • Animarle, cuando llegue el momento, a recibir los sacramentos de la confesión, confirmación y eucaristía.
  • Y todo lo que contribuya a ayudar al ahijado a caminar por la senda de la santidad.


8. LA PRIMERA CATEQUESIS EMPIEZA EN CASA

Muchos padres preguntan cuál es la mejor manera de transmitir la fe. La respuesta suele sorprender por su sencillez, los niños aprenden primero observando: miran cómo tratáis a los abuelos, cómo rezáis, cómo vivís el domingo, cómo os amáis y amáis al prójimo… La primera Biblia que tus hijos leerán será vuestra propia vida.

Pero para facilitaros las cosas podemos daros una pequeña lista de sugerencias, y aunque el niño no sea consciente de algunas de ellas, su alma sí las recibe. Por ejemplo, antes del Bautismo podéis comenzar con gestos muy sencillos:

  • Hacer la señal de la cruz sobre vuestro hijo antes de dormir.
  • Dar gracias a Dios delante de él por las cosas pequeñas.
  • Entrar alguna vez en la Iglesia con él, aunque todavía sea un bebé.
  • Orar en su presencia, despierto o dormido.
  • Colocar imágenes de Jesús, María y los santos tanto en las paredes de su dormitorio como en toda la casa.

Puede parecer poco, pero la fe siempre crece a partir de pequeños gestos repetidos con amor.


9. PARA MEDITAR

Termino con una pregunta que merece ser guardada en el corazón, como hacía María: «Su madre conservaba todo esto en su corazón» (Lc 2,51); cuando vuestro hijo vea dentro de unos años las fotografías de su Bautismo y pregunte:

—«Papá, mamá, ¿qué pasó ese día?», ¿qué le responderéis? Ojalá podáis decirle:

—«Ese día no sólo el sacerdote derramó agua sobre tu cabeza, ese día Dios te llamó por tu nombre, te hizo hijo suyo y comenzó contigo una historia que todavía hoy seguimos viviendo juntos.»


10. PRÓXIMA ENTRADA

En la siguiente catequesis descubriremos el significado de cada gesto del rito bautismal: por qué el Bautismo comienza en la puerta de la iglesia, qué significan la cruz en la frente, el óleo, el agua, la vestidura blanca y el cirio pascual, y cómo cada uno de esos signos anuncia una realidad invisible que Dios realiza en el bautizado.


11. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1. Magisterio de la Iglesia

  • Catecismo de la Iglesia Católica (CIC)
    • nn. 1131: Definición teológica de sacramento (signo eficaz de la gracia).
    • nn. 1213: El Bautismo como fundamento de la vida cristiana y puerta de acceso a los demás sacramentos.
    • nn. 1253–1255: La fe como don que necesita crecer, el papel de la Iglesia y la responsabilidad compartida de padres y padrinos.
    • nn. 2221–2231: Los deberes educativos de los padres en la fe y en las virtudes cristianas.
2. Derecho Canónico
  • Código de Derecho Canónico (CDC)
    • Canon 226, § 2: Obligación gravísima y derecho de los padres a educar a sus hijos en la fe católica.
    • Canon 774, § 2: Deber específico de los padres en la formación catequética de los hijos.
    • Canon 851, 2º: Obligatoriedad de la catequesis prebautismal para los padres y padrinos.
3. Sagrada Escritura
  • Jeremías 1, 5: «Antes de formarte en el vientre te conocía».
  • Génesis 1, 2: El Espíritu de Dios se cernía sobre las aguas.
  • Evangelio según San Juan 3, 5: «El que no nazca del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios» (Diálogo con Nicodemo).
  • Evangelio según San Mateo 3, 13; 28, 19–20 / San Marcos 16, 15–16: El Bautismo del Señor y la Gran Comisión a los Apóstoles.
  • Evangelio según San Lucas 2, 51: María conservaba todas estas cosas en su corazón.
  • Primera Carta de San Pedro 3, 20: El Arca de Noé y la salvación a través del agua como prefiguración.
4. Tradición Patrística y Canonista
  • Tertuliano (De Baptismo) y San Agustín (De Baptismo contra Donatistas): Antecedentes de la figura jurídica y pastoral del sponsor y fideiussor (el que responde por la fe del bautizado).




Presentación I

 Queridos padres y padrinos:

Pedir el Bautismo para un niño es un acto de amor y de fe. Con este gesto no solo le estáis abriendo las puertas de la Iglesia, sino regalándole la condición de hijo de Dios para toda la eternidad.

Conscientes de que los preparativos externos suelen consumir mucho tiempo y atención, queremos ofreceros este pequeño espacio de serenidad y formación. A través de dos catequesis sencillas pero profundas, os proponemos detener el ritmo y reflexionar juntos:

  • En la primera parte, repasaremos qué es un sacramento, cuáles son los grandes regalos que recibe el bautizado y cómo podéis empezar a transmitir la fe en la vida cotidiana de vuestro hogar.

  • En la segunda parte, os guiaremos paso a paso por toda la liturgia del rito bautismal para que el día de la celebración podáis vivir cada oración y cada signo con pleno conocimiento y devoción.

Esperamos que este material os sirva para preparar el corazón ante el gran regalo que vais a recibir.


jueves, 4 de junio de 2020

Presentación II

Sevilla, 4 de junio de 2020


1. Introducción 

Vayan por delante mis felicitaciones a todos vosotros por estar aquí, en este lugar y este preciso momento, con un propósito muy concreto, el deseo de recibir el Sacramento de la Confirmación, que rompe con la dinámica del mundo y que vislumbra un camino de esperanza para vuestras vidas y para aquéllos que están cerca de vosotros mediante dos objetivos: ROMPER con la dinámica de este mundo por cuanto son metas muy distintas las que se persiguen al dejarse llevar por esa corriente mundana; y VISLUMBRAR otro camino, dentro de la sociedad, pero con otras metas fundamentadas en la vida cristiana.

2. Presentación

Es todo un curso el que vamos a estar reuniéndonos en torno a la Palabra de Dios y, por ello, es conveniente que nos conozcamos poco a poco. Así pues comenzamos con las presentaciones:
  • Presentación del catequista
  • Presentación de los catecúmenos
  • Cuál es vuestra relación actual con Dios, y por qué deseáis recibir el Sacramento de la Confirmación.
  • Qué esperáis de vuestra vida como cristianos confirmados

3. Estructura de la catequesis

Los aspectos más significativos de este proceso formativo son los siguientes:
  • Objetivo: Realizar la preparación para recibir dignamente el Sacramento de la Eucaristía.
  • Sesiones: El curso se desarrollará a lo largo de 20/22 sesiones de trabajo de, aproximadamente, 60 minutos cada una. El contenido de cada una, por lo tanto, va a requerir de parte de todos PUNTUALIDAD y una gran CONCENTRACIÓN para poder desarrollarlo en su totalidad, pues tendremos que trabajar un tema íntegro en cada sesión.
  • Contenidos: La estructura del curso está organizada en cuatro grandes bloques temáticos, distribuidos a lo largo de las 21 sesiones, a saber:
    • Lo que creemos (7 sesiones)
    • Cómo celebramos nuestra fe (4 sesiones)
    • Vivir como Jesús (5 sesiones)
    • Cómo debemos orar (3 sesiones)
    • Introducción y Resumen (2 sesiones)
  • Horario (grupos de José Antonio): Por determinar.
  • Actividades conjuntas: Por determinar (suelen ser dos o tres «miniconvivencias-retiros» en el mismo CEU)
  • Material consultivo:
    • YOUCAT. Síntesis del CIC (Catecismo de la Iglesia Católica)
    • SANTA BIBLIA. La Biblia oficial en España es la de la CEE (Conferencia Episcopal Española) y podéis acceder a ella en el siguiente enlace, por lo que no es imprescindible que la compréis, pero sí que la tengáis a mano en vuestros dispositivos (móvil, ordenador...)
    • CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA. Al que haremos alguna referencia y no es necesario que compréis pero, al igual que la Biblia, es conveniente que la tengáis «a mano» mediante el siguiente enlace, de la página oficial del Vaticano. Aparece el índice y sobre cada uno de los epígrafes se hace clic para acceder al contenido correspondiente.
    • COMPENDIO DEL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA. Es un documento muy útil pues resume de manera muy práctica el contenido del CIC. No hace falta que lo adquiráis, pues podéis consultarlo online mediante el siguiente enlace, de la página oficial del Vaticano
    • Este mismo blog donde nos encontramos, con todos los temas desarrollados y unos cuestionarios al final de la página para contestar y enviar.


4. Significado de «catequesis»

La palabra «catequesis» tiene una doble procedencia etimológica:
Katéchesis (griego) = Catechesis (latín) = Catequesis (castellano)=
ACCIÓN DE INSTRUIR MEDIANTE VIVA VOZ
En el ámbito cristiano es toda instrucción vinculada a la doctrina cristiana (católica), cuyo objetivo es trasmitir la fe a los nuevos miembros de la comunidad. Formación que pone al catecúmeno en disposición de un encuentro personal con Jesucristo. Por lo tanto, este proceso requiere, no sólo de la ayuda o acompañamiento del catequista y demás miembros de la pastoral, sino y muy especialmente la participación activa de cada uno de vosotros, porque en definitiva es un proceso de conversión personal e íntimo.

5. Qué no es catequesis

La catequesis:
  • NO es una asignatura, pues se trata de un contenido que desborda cualquier asignatura, al tratarse de un proceso de conversión mediante la transmisión de la fe.
  • NO son un conjunto de clases, en las que enseña un contenido y se evalúa el grado de asimilación de dicho contenido.
  • NO hay que estudiar, lo que no quiere decir que haya que limitarse a asistir únicamente a cada sesión, pues habrá «tareas» de índole personal que requerirán una dedicación fuera de las reuniones presenciales y, especialmente, un cambio de actitud en lo referente a volver la mirada hacia dentro.
  • NO hay que hacer ni aprobar exámenes, pues sólo Dios es quien sabe leer en el corazón de cada uno de nosotros.
  • NO es un proceso para obtener un certificado, diploma o título –y esto es muy importante que lo consideréis–, ya que debido a la normativa diocesana en esta materia, muchas personas lamentablemente realizan esta catequesis única y exclusivamente para adquirir el documento correspondiente que les permita casarse o ser padrinos/madrinas de los sacramentos que lo demandan.


6. Qué es la confirmación

¿Recordamos los Sacramentos?, pues la confirmación es uno de ellos. Recordamos que los Sacramentos son: Bautismo, Confirmación, Eucaristía, Reconciliación, Orden, Unción de enfermos y Matrimonio.
La Confirmación junto con el Bautismo y la Eucaristía constituyen los Sacramentos de la Iniciación Cristiana. 
La Confirmación debemos relacionarla con el momento en que los apóstoles en presencia de la Virgen María reciben la efusión especial del Espíritu Santo en Pentecostés, y por ello:
  • Confiere crecimiento y profundidad a la gracia bautismal.
  • Introduce más profundamente en la filiación divina.
  • Une más firmemente a Jesucristo.
  • Son derramados los dones del Espíritu Santo.
  • Hace más perfecto el vínculo con la Iglesia.


7. Requisitos para la confirmación

Los requisitos que son necesarios para poder confirmarse son los siguientes:
  • Estar bautizado. Para cumplir este requisito se requiere presentar la partida de bautismo, por ello, aunque parezca aún lejos, es conveniente ir comenzando el trámite en la parroquia que corresponda.
  • Realizar la catequesis de confirmación. Es necesario haber asistido a todas la catequesis, en caso de haber faltado por motivo de causa mayor, es imprescindible acordar con el catequista una fecha de recuperación, además de haber accedido al contenido correspondiente de este blog.
  • Estar en gracia de Dios. Para realizar la ceremonia de Confirmación es imprescindible haberse confesado con anterioridad.
  • Elegir a un padrino o madrina. La elección debe recaer sobre una persona que esté confirmada y que no sea el padre o la madre de quien se confirma. Se recomienda no dejar este requisito para los últimos días, es más, sería conveniente que se fuese gestionando cuanto antes.


8. ¿Qué es el YOUCAT?

YOUCAT: «Youth catechism» (catecismo juvenil)
YOUCAT es la fe de la Iglesia católica explicada vívidamente, presentada innovadoramente y confirmada oficialmente.
YOUCAT es:
  • Evidente: Obtienes una respuesta clara a preguntas claras.
  • Innovador: Lo que significa ser cristiano para ti se explica de manera emocionante.
  • Seguro: Aprenderás lo que la Iglesia ha probado durante 2000 años y cree que es verdad. Las aprobaciones oficiales romanas y los prólogos del Papa Bendicto XVI avalan la corrección de los contenidos.
YOUCAT ha sido preparado bajo la guía del cardenal-arzobispo de Viena, Christoph Schönborn.
Los contenidos han sido verificados y aprobados oficialmente por la Congregación para la Doctrina de la Fe en Roma.
  • Aprobado por la Conferencia Episcopal Austríaca (3/5/2010)
  • Aprobado por la Conferencia Episcopal Alemana (29/11/2010)
  • Aprobado por la Conferencia Episcopal Suiza (6/12/2010)
  • Versión española con las debidas licencias del Arzobispado de Madrid (28/1/2012)


miércoles, 3 de junio de 2020

1. El Amor como principio generador

Sevilla, 7 de noviembre de 2019

1. Introducción (1-2, YOUCAT)

En la noche del 26 de septiembre de 2015 el Papa Francisco improvisó un extenso discurso en el Festival de las Familias, en Filadelfia (Estados Unidos), donde contó una anécdota que le sucedió años atrás y que lo puso en un verdadero aprieto:
«Una vez un chico me preguntó –ustedes saben que los chicos preguntan cosas difíciles–: "Padre, ¿qué hacía Dios antes de crear el mundo?"».
Recordó el Papa ante las sonrisas de los miles de asistentes:

«Les aseguro que me costó contestar, y le dije lo que les digo ahora a ustedes: "antes de crear el mundo Dios amaba, porque Dios es Amor. Pero era tal el amor que tenía en sí mismo, ese amor entre el Padre y el Hijo en el Espíritu Santo, era tan grande, tan desbordante que –esto no sé si es muy teológico pero lo van a entender–, era tan grande que no podía ser egoísta, tenía que salir de sí mismo para tener a quién amar fuera de sí, y ahí Dios creó al mundo. Ahí Dios hizo esta maravilla en la que vivimos y que, como estamos un poquito mareados, la estamos destruyendo”».

Efectivamente, Dios creó al hombre –varón y mujer– por amor, un amor desinteresado, un amor libre; y esto lo entenderemos mejor cuando, por ejemplo, ante una alegría inesperada, no perdemos un instante en ir a compartirlo con nuestros seres queridos, con las personas a quien amamos. Pues de esa manera, Dios quiso compartir con nosotros su alegría infinita.


2. ¿Por qué buscamos a Dios? (3, YOUCAT)

«Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en ti» (Confesiones I,1,1).
¿Qué implicaciones tiene esta sentencia de San Agustín? El santo obispo de Hipona y Padre de la Iglesia nos invita a descubrir que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios y por esa misma razón tenemos un deseo y una inquietud interior de buscar a nuestro Hacedor, a nuestro Creador, lo que nos convierte –además de seres racionales– en «seres religiosos», en busca de nuestro origen trascendente..., en busca de Dios.
Sin embargo, en la sociedad secularizada y relativista en la que vivimos, nos encontramos con grandes impedimentos que sutilmente nos alejan de esta búsqueda como las costumbres, modas, fama, dinero, poder, sexo, drogas o ideologías de la gente sin fe, sin moral y sin Dios, organizando la vida como si Él no existiera, dando importancia solamente a los apetitos de nuestro cuerpo. Este panorama –aparentemente atractivo y tentador–, tarde o temprano muestra su traicionera cara oculta, una cara muy desagradable, que lleva a la insatisfacción, a la vaciedad, a la angustia, en definitiva, a la soledad existencial.


3. El hombre busca: Dios existe (4-6, YOUCAT)

Decía esa extraordinaria mujer filósofa, conversa judía y santa carmelita –Edith Stein (Santa Teresa Benedicta de la Cruz)–: «Quien busca la verdad busca a Dios, sea o no consciente de ello».
Si atendemos a las palabras de nuestro Señor Jesucristo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Jn 14,6), entenderemos el pensamiento de Santa Teresa Benedicta por cuanto que, contestando a la petición de Felipe «Señor, muéstranos al Padre y eso basta» (Jn 14,8), Jesús responde al apóstol: «Quien me ha visto a mí ha visto al Padre» (Jn 14,9). Pero Dios no es sólo Verdad, sino también –y como hemos visto anteriormente– Amor, y también Belleza, Bien, Vida... Todo ser humano tiende de manera natural hacia estas Realidades mediante la conciencia que nos impulsa a hacer el bien y nos alerta del mal, a disfrutar de la belleza de la creación, de la vida, de las personas...
No obstante, a pesar de todas las gracias con que Dios nos agasaja, en la que incluimos la razón, nos dan una visión limitada, un conocimiento imperfecto para encontrar a ese Dios «invisible». Esto quiere decir que, por más que nos esforcemos en querer conocer más a Dios y llegar a una mayor conciencia de su naturaleza divina con nuestras facultades humanas, nunca lo conseguiremos sin la ayuda del propio Dios.


4. Dios nos sale al encuentro: Historia de la Revelación Divina (4-6, YOUCAT)

Ante la impotencia del ser humano para conocer a Dios, Dios mismo se revela a sí mismo por amor a sus criaturas dando lugar a lo que se ha dado en denominar la Historia de la Revelación Divina. Iniciada ya con la creación de nuestros primeros padres y su experiencia de la intimidad divina, y seguida del pacto con Noé, la alianza de Dios con el hombre se revela de modo explícito con Abraham y después, de manera particular, con Moisés, al cual Dios entrega las Tablas de la Alianza.
Pero, además, los profetas, cuya función era recordar la alianza y sus exigencias morales, hablan especialmente de Él, del Mesías prometido. Ellos anunciaban la proximidad de una nueva alianza, espiritual y eterna, escrita en los corazones.
Será con la encarnación del Hijo de Dios, nuestro Señor Jesucristo, en la plenitud de los tiempos, como quedará completada la Revelación Divina mediante el anuncio de Reino de Dios: «Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio» (Mc 1,15).


5. El hombre responde: Responder a Dios es creer en Él (142-149 CDC)

En muchas ocasiones pensamos que Dios nos ha olvidado, o que no responde a nuestras oraciones, o cosas parecidas, sin embargo, el problema no está en Dios, sino en nosotros, porque Dios no deja de insistir en encontrarnos, Él siempre está pendiente de nosotros, hablándonos al corazón.
Por ello, si nuestro corazón está cerrado a Dios, es imposible que podamos sentir su presencia. Es cierto que en determinados momentos de nuestras vidas como experiencias conmovedoras, inconcebibles «casualidades», situaciones de dolor o de alegría..., experimentamos Su presencia de manera fugaz porque esos acontecimientos hacen abrir nuestros corazones, son como mensajes escondidos de Dios para cada uno de nosotros. Pero esas situaciones eventuales, hemos de convertirlas en permanentes, cada vez con mayor frecuencia y eso no es posible sin la fe.


6. Pero ¿qué es la fe? (21-24 YOUCAT) 

La fe es SABER y CONFIAR. Tiene siete rasgos característicos:
La fe es un puro don de Dios, que recibimos, si lo pedimos ardientemente.
La fe es la fuerza sobrenatural que nos es necesaria para obtener la salvación.
La fe exige la voluntad libre y el entendimiento lúcido del hombre cuando acepta la invitación divina.
La fe es absolutamente cierta, porque tiene la garantía de Jesús.
La fe es incompleta mientras no sea efectiva en el amor. «...si tuviera fe como para mover montañas, pero no tengo amor, no sería nada.» (1Cor 13,2)
La fe aumenta si escuchamos con más atención la voz de Dios y mediante la oración estamos en un intercambio vivo con él.
La fe nos permite ya ahora, gustar por adelantado la alegría del cielo.


7. ¿Dónde se encuentra la verdadera fe?

La fe la encontramos en tres pilares que sostienen el edificio de la Doctrina Católica:

a. Sagrada Escritura

La Santa Biblia es una colección de escritos sagrados surgida en un periodo de más de mil años, y que es el documento originario de nuestra fe. La Biblia contiene dos partes: Antiguo y Nuevo Testamento. 
El AT está compuesto por 21 Libros Históricos, 7 Libros Sapienciales y 18 Libros Proféticos.
El NT consta de 4 Evangelios, los Hechos de los Apóstoles, 21 Epístolas (14 paulinas + 7 católicas/universales) y el Libro del Apocalipsis, lo que da los 27 libros del NT. Todos estos textos junto a la Tradición de la Iglesia constituyen el «Depositum Fidei» (Depósito de la Fe).

b. Tradición

La tradición de la Iglesia o Tradición Apostólica son las enseñanzas de Dios que han sido transmitidas en forma oral o por escrito desde el tiempo de Jesucristo y sus Apóstoles hasta la actualidad por los Sumos Pontífices y los Santos de la Iglesia pero que no están en la Santa Biblia. «Muchas otras cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni el mundo entero podría contener los libros que habría que escribir» (Jn 21,25)

c. Magisterio

Es el oficio de la Iglesia Católica de EXPONER la fe, INTERPRETARLA (Depositum Fidei) bajo el auxilio del Espíritu Santo, y PROTEGERLA de las falsificaciones (herejías).

8. Reflexión YOUCAT

LEE EL SIGUIENTE TEXTO Y MEDITA SOBRE ÉL PARA, POSTERIORMENTE COMPARTIR TUS REFLEXIONES.
«Es necesario y urgente que surja una nueva generación de apóstoles, arraigados en la palabra de Cristo, capacitados para dar una respuesta a los retos de nuestro tiempo y dispuestos a anunciar en todas partes el Evangelio.»

BENEDICTO XVI
22.02.2006

9. Lecturas complementarias recomendadas

- SAGRADA BIBLIA: (Ro 1,19-20), (Heb 1,1-2), (Tm 1,4; 6,20), (2Tm 1,12-14), (1Co 13,13)
- CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA (CIC): 26-73 y 74-100
- YOUCAT: 1-23




10. Cuestionario para valorar la comprensión del tema



martes, 2 de junio de 2020

2. Las profesiones de fe: «Creo en un sólo Dios, Padre Todopoderoso...»

Sevilla, 22 de noviembre de 2019



1. Introducción: «Profesar», concepto

Entre las diferentes definiciones que la RAE ofrece de la voz «profesar» elijo la siguiente por ser la que más relación tiene con el ámbito que tratamos:
1. Aceptar y seguir [una persona] voluntariamente una religión, una doctrina o una creencia.


2. Profesiones de fe (25-26 YOUCAT)

Es evidente que esta definición está relacionada con la fe, por eso el término «profesión de fe» nos ha de resultar familiar en la terminología católica. Pero, ¿qué son las profesiones de fe? Son fórmulas sintéticas que a lo largo del tiempo se han concretado en la Iglesia para expresar, aprender, transmitir, celebrar y vivir esa realidad que denominamos fe, y que permiten una confesión común de todos los creyentes atendiendo a la importantísima dimensión comunitaria de la Iglesia.
«Quien dice "Yo creo", dice "Yo me adhiero a lo que nosotros creemos". La comunión en la fe necesita un lenguaje común de la fe, normativo para todos y que nos una en la misma confesión de fe.» (CIC,185).


3. Dos fórmulas de profesión de fe (28-29 YOUCAT)

Las profesiones de fe se remontan a Jesucristo que mandó a sus discípulos que bautizaran a las personas exigiéndoles una profesión de fe trinitaria: en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. También podemos encontrarlas en las cartas de San Pablo; pero son dos las profesiones de fe que tienen una categoría especial, la una por ser considerada el resumen de la fe de los apóstoles y la otra por proceder de los grandes concilios de la cristiandad –aún no dividida– (Nicea en el año 325 y Constantinopla en el año 361), que hasta el día de hoy constituyen la base común de los cristianos de Oriente y Occidente. Veamos el contenido de ambas...


PROFESIÓN O FÓRMULA DE FE DE LOS APÓSTOLES (CIC, 194)


El Símbolo de los Apóstoles, llamado así porque es considerado con justicia como la síntesis fidedigna de la fe de los Apóstoles, es el antiguo símbolo bautismal de la Iglesia de Roma. Su gran autoridad le viene de este hecho: «Es el símbolo que guarda la Iglesia romana, la que fue sede de Pedro, el primero de los apóstoles, y a la cual él llevó la doctrina común» (San Ambrosio, Explanatio Symboli, 7: PL 17, 1158D).

Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del Cielo y de la tierra. 
Creo en Jesucristo su único Hijo, Nuestro Señor, 
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, 
nació de Santa María Virgen, 
padeció bajo el poder de Poncio Pilato, 
fue crucificado, muerto y sepultado, 
descendió a los infiernos, 
al tercer día resucitó de entre los muertos, 
subió a los cielos 
y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. 
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. 
Creo en el Espíritu Santo, 
la Santa Iglesia Católica, 
la comunión de los santos, 
el perdón de los pecados, 
la resurrección de la carne 
y la vida eterna. 
Amén. 

PROFESIÓN O FÓRMULA DE FE NICENO-CONSTANTINOPOLITANA (CIC, 195)


El Símbolo llamado Credo Niceno-Constantinopolitano debe su gran autoridad al hecho de ser el fruto de los esfuerzos para consensuar los dogmas de la fe cristiana ante las tesis arrianas y otras herejías en contra de la divinidad trinitaria.

Creo en un solo Dios, 
Padre Todopoderoso, 
Creador del Cielo y de la tierra, 
de todo lo visible y lo invisible. 
Creo en un solo Señor Jesucristo, Hijo único de Dios, 
nacido del Padre antes de todos los siglos: 
Dios de Dios, Luz de Luz, 
Dios verdadero de Dios verdadero, 
engendrado, no creado, 
de la misma naturaleza del Padre por quien todo fue hecho; 
que por nosotros, los hombres, 
y por nuestra salvación, bajó del cielo, 
y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, 
y se hizo hombre; 
padeció y fue sepultado, 
y resucitó al tercer día, según las Escrituras, 
y subió al cielo 
y está sentado a la derecha del Padre; 
y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, 
y su reino no tendrá fin. 
Creo en el Espíritu Santo, 
Señor y dador de vida, 
que procede del Padre y del Hijo, 
que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, 
y que habló por los profetas. 
Creo en la Iglesia que es una, santa, católica y apostólica. 
Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados. 
Espero la resurrección de los muertos 
y la vida del mundo futuro. 
Amén. 

4. ¿Por qué creemos en un solo Dios? (30 YOUCAT)

Por las múltiples referencias de la Sagrada Escritura: «Escucha, Israel: el Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo« (Dt 6,4). «Yo soy un Dios de justos y salvador, y no hay ninguno más» (Is 45,21)… Pero también por simple lógica, si hubiera dos dioses el uno sería el límite del otro y ninguno sería infinito, ni perfecto, ni eterno, por lo que ninguno de los dos sería Dios.
La experiencia fundamental de Dios que tiene el pueblo de Israel, y que el cristianismo hace suya es: «Escucha, Israel: el Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo» (Dt 6,4).


5. Revelación, Verdad y Amor (31-34 YOUCAT)

Veamos el profundo significado de estos tres aspectos fundamentales de la Doctrina Católica.

a. ¿Por qué Dios nos revela su nombre a nosotros? 

Para poder invocarle, pues Dios no quiere mantenerse oculto, quiere ser conocido y ser invocado como el verdadero y el que actúa.
El nombre en el pensamiento hebreo es sumamente importante porque representa el carácter, la identidad, el propósito o el destino de la persona. Uno de los ejemplos paradigmáticos de esta realidad podemos observarlo en la Anunciación, cuando el ángel Gabriel da instrucciones muy concretas a María para que llamase Jesús –Dios salva– al Hijo de Dios, porque su carácter, identidad, propósito y destino es salvar a su pueblo de sus pecados.

b. Qué quiere decir que Dios es la Verdad

«Dios es Luz y en él no hay tiniebla alguna» (1Jn 1,5). Jesús como Hijo de Dios y Dios mismo dijo: «Yo soy el camino y la verdad y la vida» (Jn 14,6).

c. ¿Por qué decimos que Dios es Amor? 

Dios no sólo explica que es Amor, sino que lo demuestra: «Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16). 

d. ¿Qué implicación tiene todo ello en nuestras vidas? 

El verdadero cristiano ha de poner a Dios en el centro de su vida –en la oración, en la relación con los demás, en la relación consigo mismo–, asumiendo las virtudes cristianas y en especial la VERDAD y el AMOR.


6. «Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso...»

a. ¿Creemos en un solo Dios o en tres dioses distintos? (35-44 YOUCAT)

Los cristianos no adoramos a tres dioses diferentes, sino a un único ser, que es trino (Padre, Hijo y espíritu Santo) y sin embargo uno. Es el Misterio de la Santísima Trinidad: Un solo Dios, trino. Tres personas distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
PADRE: Primera Persona de la Santísima Trinidad, Creador y «Cuidador» nuestro. Jesús nos abrió a la filiación divina al enseñarnos a orar (Padre nuestro…) y en la agonía sobre la cruz (...mujer, he ahí a tu hijo...).
HIJO: Segunda Persona de la Santísima Trinidad, Jesucristo, el Mesías, Redentor de la humanidad, con dos naturalezas, la divina –«Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto» (Jn 14,6-7)–, y la humana –«Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lc 22,42)–
ESPÍRITU SANTO: Tercera persona de la Santísima Trinidad, de la misma naturaleza del Padre y el Hijo («y que habló por los profetas»), «Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud para recaer en el temor, sino que habéis recibido un Espíritu de hijos de adopción en el que clamamos: ¡Abbá, Padre!» (Rom 8,15).

b. ¿Dios lo puede todo (Omnipotente y Todopoderoso)? (40, YOUCAT)

«Para Dios nada hay imposible» (Lc 1,37). Dios ha creado el mundo de la nada, es el Señor de la historia, gobierna todas las cosas y todo lo puede. No obstante, es un misterio cómo emplea su omnipotencia: «Porque mis planes no son vuestros planes, mis caminos no son vuestros caminos.» (Is 55,8). Con frecuencia, la omnipotencia de Dios se muestra donde los hombres ya no esperan nada de ella. Y, sin embargo, la impotencia de la Pasión fue el requisito para la Resurrección.


7. «...Creador del cielo y la tierra...» (41-48 YOUCAT)

La ciencia aún no ha explicado la creación del universo empíricamente sino a través de teorías e hipótesis. Por ello, si la Teología no tiene competencia científica y la Ciencia no tiene competencia teológica, ésta no puede excluir de forma dogmática que en la creación se hayan producido procesos cuya aceptación requiera una explicación basada en la fe. Por este motivo y desde Pío X, los 11 primeros capítulos del Génesis no se consideran historicistas y, por lo tanto, el primer libro de la Biblia no es un modelo explicativo del principio del mundo.
Un cristiano puede aceptar la teoría de la evolución sin caer en la herejía del «evolucionismo», que ve al hombre como un producto casual de procesos biológicos y en donde Dios no tiene cabida. En el otro extremo nos encontramos con el «creacionismo» que consiste en olvidar las indicaciones dadas por el Vaticano desde Pío X e interpretar el Génesis de manera literal.

a. Los 6 días de la Creación

A partir de este simbolismo se pueden deducir varios principios:
  • No hay nada que no haya llamado al ser por el Creador.
  • Todo lo que existe es bueno según su naturaleza
  • También lo que se ha transformado en malo tiene un núcleo bueno.
  • Los seres y cosas creados son interdependientes y se complementan.
  • La Creación, en su orden y armonía, refleja la extraordinaria bondad y belleza de Dios.
  • En la Creación hay una jerarquía: el hombre está por encima del animal, el animal por encima de la planta, la planta por encima de la materia inerte.
  • La Creación está orientada a la gran fiesta final, cuando Cristo venga a buscar al mundo, y Dios sea todo en todos.

b. ¿Por qué descansó Dios en el séptimo día?

Como signo de consumación, más allá de todo esfuerzo humano. Para la tradición judaica el sábado –Sabbat– es el séptimo día de la semana, en cambio, para los cristianos el domingo es el día en que Jesucristo ha vencido a la muerte y por ello es el día de descanso para dar gloria a Dios, cuyo simbolismo trascendente es la del anticipo del descanso celestial.

c. ¿Para qué creó Dios el mundo?

Para alabanza y gloria de Dios, entendiendo la alabanza como una aceptación de la propia existencia con total y permanente agradecimiento al Creador.


8. La Providencia de Dios (49-51 YOUCAT)

En Dios «vivimos, nos movemos y existimos» (Hch 17,28). Dios, en ningún momento, abandona a sus criaturas, aún respetando su libre albedrío. Más bien son sus criaturas las que, haciendo caso omiso de la Palabra de Dios, de sus mandamientos y de los preceptos establecidos como camino de salvación, los que se alejan de su Hacedor. Y a pesar de ello, Él insiste en buscarnos y ayudarnos a volver al sendero de vuelta a casa, al tiempo que nos invita a colaborar en la perfección de su Creación.
Pero, entonces... ¿por qué permite el mal en el mundo?
«Dios permite el mal sólo para hacer surgir de él algo mejor» (Santo Tomás de Aquino). El mal es un misterio oscuro y doloroso. El mismo Jesucristo desde el madero de la crucifixión pregunta a su Padre: «Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27,46).
No obstante, tenemos una certeza, Dios es bueno, por lo tanto nunca puede ser el causante del mal o de algo malo. Dios creó el mundo bueno: «Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno.» (Gn 1,31).
Para San Agustín todas las cosas han sido creadas por Dios, y él recibe sus perfecciones y sus bondades, como la de existir. Todas las cosas son bienes, es decir, todas son buenas por el solo hecho de existir. El mal no es una substancia, por sí solo no es nada. El mal es privación o ausencia de bien, es corrupción de lo bueno. El mal propiamente dicho es el mal moral, es decir, el que el hombre realiza por medio de su libre albedrío al alejarse de los bienes superiores de Dios, por apegarse a los inferiores, alejándose de esta manera de su fin, causando un desorden en el universo. El mal no es creación de Dios en ningún sentido, sino que proviene del mal uso que el hombre puede dar al bien del libre albedrío que Dios le dio. (Walter Albrecht Lorenzini: «El problema del mal en San Agustín»).
Por lo tanto, hemos de distinguir dos tipos de mal: el mal físico, por ejemplo, una enfermedad de nacimiento, una catástrofe natural...; y el mal moral, que es el verdadero mal, resultado del mal uso que el hombre hace de su libre albedrío.
En muchas ocasiones hemos oído echar en cara a Dios la existencia del mal: «¿cómo se puede creer en Dios cuando existe tanto mal en el mundo? A este tipo de argumentos se le puede contestar de diferentes formas una de ellas sería contestando con otra pregunta: «¿cómo podría un ser humano con corazón y razón soportar la vida en este mundo si no existiera Dios?».


9. «...de todo lo visible e invisible.»

DE TODO LO VISIBLE

Es decir, toda la Creación perceptible por nuestros sentidos, donde el hombre tiene una posición de privilegio con respecto a las demás criaturas, pues Dios lo creó a imagen y semejanza suya, con voluntad, inteligencia y libre albedrío para amar o rechazar el amor. Por ese motivo de relevancia, el hombre ha de mantener una relación de respeto, cuidado y responsabilidad hacia el resto de criaturas.

a. ¿Por qué creó Dios al hombre? 

El motivo de la creación del hombre es su eterna felicidad conociendo, amando y sirviendo a Dios y viviendo agradecido a su Creador. ¿Y cómo conseguirlo en un mundo tan complicado como el nuestro? Jesucristo, es decir, Dios hecho carne –Segunda Persona de la Santísima Trinidad– nos mostró con su ejemplo un modelo a seguir, no sólo mostrando la esencia de Dios sino el verdadero ideal del hombre.

b. ¿Por qué creó Dios al hombre varón y mujer? 

Dios ha hecho al hombre de modo que sea varón o mujer y anhele la plenitud y la totalidad en el encuentro con el otro sexo. Dios, como prototipo de comunión, los creó varón y mujer para que conjuntamente sean imagen de la esencia de Dios.

c. ¿Qué pasa con las personas con tendencias homosexuales? 

La Iglesia cree que el hombre y la mujer están hechos para complementarse en una relación recíproca, para que puedan dar la vida a los hijos. La Iglesia, por ello, no puede aprobar las prácticas homosexuales. No obstante, todo cristiano debe respeto y amor a todas las personas independientemente de su orientación sexual.

d. ¿Estaba en el Plan de Dios que los hombres sufrieran y murieran? 

No, la idea original para el hombre fue el Paraíso y la vida eterna. Fue el pecado el origen del sufrimiento y la muerte, inducido por el diablo mediante la tentación.

e. ¿Qué es el pecado? 

El rechazo a Dios y la negativa a aceptar su amor mediante el desprecio a sus mandamientos.

f. ¿Qué es el pecado original? 

Para explicarlo he recurrido a una cita del Papa Benedicto XVI que considero muy gráfica y didáctica: «Todos llevamos dentro una gota del veneno de ese modo de pensar reflejado en el Génesis. Esa gota de veneno la llamamos “pecado original”. […] El hombre no se fía de Dios. Tentado por las palabras de la serpiente, abriga la sospecha de que Dios […] es un competidor que limita nuestra libertad y que sólo seremos plenamente seres humanos cuando lo dejemos de lado. […] Al hacer esto se fía de la mentira más que de la verdad, y así se hunde con su vida en el vacío, en la muerte. (Benedicto XVI, 8.12.2005).

DE LO INVISIBLE

¿Qué cosas son las creadas por Dios que son invisibles?: el alma, el cielo, el infierno, los ángeles, los demonios...

a. El alma

La razón nos dice que tiene que existir un principio espiritual que, unido al cuerpo, no sea, sin embargo, idéntico a éste; a ese principio lo llamamos alma, aunque su existencia no se puede probar empíricamente. La doctrina católica dice que el alma es el principio vital espiritual del hombre, lo más íntimo de su ser, la causa de que el cuerpo material sea un cuerpo humano vivo. Dios nos da un alma que no muere, aún después de perder el cuerpo en la muerte, para volver a encontrarlo en la resurrección. El alma no puede ser el producto de un desarrollo evolutivo, ni el resultado de la unión genética del padre y de la madre, sino que viene directamente de Dios.

b. El cielo

El «medio» de Dios, la morada de los ángeles y los santos y la meta de la Creación. Aunque tampoco se puede demostrar su existencia de manera empírica, podemos tener fe de ella (su existencia) por las muchas referencias que Jesucristo, mediante el uso de parábolas, hizo del Reino de Dios. (Ver Mateo 13).

c. El infierno

Para la fe cristiana es el «estado» de separación eterna de Dios. Jesús, que conoce el infierno, en varios pasajes del Evangelio hace referencia a él diciendo: «…a los hijos del reino los echarán fuera, a las tinieblas» (Mt 8,12); «Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes» (Mt 13,49-50); «y si lo llama “necio”, merece la condena de la gehenna del fuego» (Mt 5,22). «…temed al que, después de la muerte, tiene poder para arrojar a la gehenna» (Lc 12,5)…

d. Los ángeles

Son criaturas de Dios puramente espirituales con inteligencia y voluntad: «Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos» (Mt 13,49). Hay un tipo especial de ángeles que nos afectan directamente a cada uno de nosotros, se trata de los ángeles custodios: «No se acercará la desgracia, ni la plaga llegará hasta tu tienda, porque a sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos. Te llevarán en sus palmas, para que tu pie no tropiece en la piedra...» (Sal 91,11-12).
Diablos o demonios. Los ángeles separados de Dios (por rebelión y a iniciativa propia) son llamados en la Sagrada Escritura diablos o demonios. «En efecto, Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que, precipitándolos en las tenebrosas cavernas del infierno, los entregó reservándolos para el juicio» (2 Pd 2,4).


10. Reflexión YOUCAT

LEE EL SIGUIENTE TEXTO Y MEDITA SOBRE ÉL PARA, POSTERIORMENTE COMPARTIR TUS REFLEXIONES.
Muchos científicos (y no científicos) piensan que Dios no hace falta para la creación del mundo puesto que todo es un proceso casual, sin sentido y sin finalidad. En 1985, el Papa Juan Pablo II contestó a este argumento de la siguiente manera: «Hablar del azar delante de un universo en el que existe tal complejidad en la organización de sus elementos y una intencionalidad tan maravillosa en su vida, sería igual a abandonar la búsqueda de una explicación del mundo como él se nos muestra. De hecho, sería equivalente a aceptar efectos sin causa. Supondría la abdicación de la razón humana, que renunciaría de este modo a pensar y a buscar una solución a los problemas».


11. Lecturas complementarias recomendadas

- SAGRADA BIBLIA: (1Tm 2,4), (1Tim 6,20), (2Tim 1,12-14)
- CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA (CIC): 74-100
- YOUCAT: 24-70



12. Cuestionario para valorar la comprensión del tema