Sevilla, 19 de febrero de 2020
1. Introducción
«Cristo, médico del alma y del cuerpo, instituyó los sacramentos de la Penitencia y de la Unción de los enfermos, porque la vida nueva que nos fue dada por Él en los sacramentos de la iniciación cristiana puede debilitarse y perderse para siempre a causa del pecado. Por ello, Cristo ha querido que la Iglesia continuase su obra de curación y de salvación mediante estos dos sacramentos» (CIC, 295).
Es así pues, que los sacramentos de la curación son el sacramento de la Penitencia y el de la Unción de enfermos.
2. El pecado
Habida cuenta que, al proclamar nuestra fe mediante el rezo del Credo, manifestamos creer «...en el perdón de los pecados» y también confesamos que «hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados», vamos a estudiar este aspecto fundamental de la doctrina cristiana. ¿Qué es el pecado?
El pecado es todo pensamiento, palabra, obra u omisión que, consumado de manera consciente, «es, ante todo, ofensa a Dios, ruptura de la comunión con Él. Al mismo tiempo, atenta contra la comunión con la Iglesia» (CIC, 1440). «Todo el que comete pecado quebranta también la ley, pues el pecado es quebrantamiento de la ley» (1Jn 3,4).
Hay varias dimensiones del pecado:
Pecado original. Es el «estado de privación de la santidad y de la justicia originales. Es un pecado “contraído” no “cometido” por nosotros; es una condición de nacimiento y no un acto personal. A causa de la unidad de origen de todos los hombres, el pecado original se transmite a los descendientes de Adán con la misma naturaleza humana, “no por imitación sino por propagación”. Esta transmisión es un misterio que no podemos comprender plenamente» (CCIC, 76).
Las consecuencias del pecado original hacen que los seres humanos estemos sometidos a los efectos de la ignorancia, del sufrimiento, de la muerte y una tendencia a pecar (concupiscencia).
Dentro de esta ofensa a Dios –que supone cualquier tipo de pecado–, hay dos dimensiones del mismo en virtud de su gravedad: pecado venial y pecado mortal.
Pecado mortal. Un pecado grave o mortal es la violación con pleno conocimiento y deliberado consentimiento de la Ley de Dios en una materia grave, por ejemplo, idolatría, adulterio, asesinato o difamación. Todas estas acciones son gravemente contrarias al amor que debemos a Dios y, por Él, a nuestro prójimo.
El pecado mortal se llama mortal porque es la muerte «espiritual» del alma (separación de Dios).
Pecado venial. Los pecados veniales son pecados leves. No rompen nuestra amistad con Dios, sin embargo la afectan. Incluyen desobediencia a la Ley de Dios en materias leves (veniales). Si, por ejemplo, por chismes destruimos la reputación de una persona, sería un pecado mortal; sin embargo, los chismes normales son sobre asuntos insignificantes y sólo son considerados pecados veniales.
¿Podemos ser perdonaos por nuestros pecados? Afortunadamente y gracias a la Misericordia infinita de Dios, Cristo dejó instituido el sacramento de la Penitencia para poder ser liberados de nuestros pecados: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos» (Jn 20,22-23). Veamos, pues, en qué consiste este sacramento.
3. El Sacramento de la Penitencia
También llamado sacramento de la Reconciliación, del Perdón, de la Confesión y de la Conversión.
Si ya tenemos el sacramento del Bautismo que nos reconcilia con Dios, ¿por qué necesitamos entonces un sacramento específico de la Reconciliación?
Si bien el Bautismo nos arranca del poder del pecado y de la muerte y nos introduce en la nueva vida de los hijos de Dios, no nos libra de la debilidad humana y de la tendencia al pecado. Por eso necesitamos un lugar en el que podamos reconciliarnos continuamente de nuevo con Dios. Esto es la confesión.
PARTICULARIDADES DEL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA
– ¿Quién puede perdonar los pecados? «Sólo Dios puede perdonar tus pecados. “Tus pecados te son perdonados” (Mc 2,5) sólo lo pudo decir Jesús porque él es el Hijo de Dios. Y sólo porque Jesús les ha conferido este poder pueden los presbíteros perdonar los pecados en nombre de Jesús» (YOUCAT, 228).
– ¿Quién es el ministro del sacramento de la Reconciliación? Cristo confió el ministerio de la Reconcialiación a sus Apóstoles, a los obispos sucesores de los Apóstoles, y a los presbíteros, colaboradores de los obispos, los cuales se convierten, por tanto, en instrumentos de la misericordia y de la justicia de Dios. Ellos ejercen el poder de perdonar los pecados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo (CCIC, 307).
– ¿Cuáles son los actos propios del penitente? Antes de la confesión se debe hacer un diligente y exhaustivo examen de conciencia. A partir de ese momento los actos del penitente son los siguientes: 1. La contricción (arrepentimiento) que es perfecta cuando es motivada por el amor a Dios, e imperfecta cuando existen otros motivos; la contrición incluye el propósito de enmienda, es decir, la actitud de no volver a pecar. 2. La confesión que consiste en la acusación de nuestros propios pecados hecha delante del sacerdote. 3. La satisfacción o cumplimiento de ciertos actos de penitencia que el propio confesor impone al penitente para reparar el daño causado por el pecado.
– ¿Qué pecados deben confesarse y con qué frecuencia? Todos los pecados graves aún no confesados que se recuerden después del examen de conciencia. No obstante, la Iglesia recomienda vivamente la confesión de los pecados veniales, pues ayuda a formar una recta conciencia, a luchar contra las malas inclinaciones, a dejarse curar por Cristo y a progresar en la vida del Espíritu. Todo fiel que haya llegado al uso de razón, está obligado a confesar sus pecados al menos una vez al año y, en el caso de los pecados graves antes de recibir la Sagrada Comunión.
– ¿Qué es el secreto de confesión? Es la obligación del confesor –dada la delicadeza y grandeza de este ministerio y del respeto debido a las personas–, sin excepción alguna y bajo penas muy severas, a mantener el sigilo sacramental, esto es, el absoluto secreto sobre los pecados conocidos en la confesión.
–¿Cuáles son los efectos de este sacramento? La Reconciliación con Dios y, por tanto, el perdón de los pecados; la Reconciliación con la Iglesia; la recuperación del estado de gracia, si se había perdido; la remisión de la pena eterna merecida a causa de los pecados mortales y, al menos en parte, de las penas temporales que son consecuencia del pecado; la paz y la serenidad de conciencia y el consuelo del espíritu; y el aumento de la fuerza espiritual para el combate cristiano.
4. El Sacramento de la Unción de los enfermos
El sacramento de la Unción de los enfermos tiene que ver con el sentido del sufrimiento y del dolor. En el Antiguo Testamento, el hombre experimenta su propia limitación y también interpreta que la enfermedad está misteriosamente vinculada al pecado. Los Profetas intuyeron que la enfermedad podía tener un valor redentor. Pero es Jesús quien con su Pasión y Muerte da un nuevo sentido al sufrimiento, el cual, unido al suyo, puede convertirse en el medio de purificación y salvación para nosotros y para los demás.
PARTICULARIDADES DEL SACRAMENTO DE LA UNCIÓN DE ENFERMOS
– ¿Cómo se comporta la Iglesia con los enfermos? Habiendo recibido del Señor el mandato de curar a los enfermos, se empeña en el cuidado de los que sufren, acompañándolos en oraciones de intercesión. Tiene, sobre todo, un sacramento específico para los enfermos instituido por Cristo mismo y atestiguado por Santiago: «¿Está enfermo alguno de vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor» (St 5,14-15).
– ¿Quién puede recibir la Unción de los enfermos? Cualquier fiel que comienza a encontrarse en peligro de muerte por enfermedad o por vejez. La celebración de este sacramento debe ir precedida, si es posible, de la confesión individual del enfermo.
– ¿Quién administra este sacramento? Sólo puede ser administrado por los sacerdotes (obispos o presbíteros).
– ¿Cómo se celebra este sacramento? Su celebración consiste esencialmente en la unción con óleo, bendecido si es posible por el obispo, sobre la frente y las manos del enfermo (en el rito romano, o también en otras partes del cuerpo en otros ritos), acompañada de la oración del sacerdote que implora la gracia especial de este sacramento.
– ¿Cuáles son los efectos de este sacramento? Confiere gracia particular, que une más íntimamente al enfermo a la Pasión de Cristo, por su bien y por el de toda la Iglesia, otorgándole fortaleza, paz, ánimo y también el perdón de los pecados, si el enfermo no ha podido confesarse.
– ¿Qué es el Viático? Es la Eucaristía recibida por quienes están por dejar esta vida y se preparan para el paso a la vida eterna. Recibida en el momento del tránsito de este mundo al Padre, la Comunión del Cuerpo y de la Sangre de Cristo muerto y resucitado, es semilla de vida eterna y poder de resurrección.
5. Reflexión YOUCAT
«Dios lo sabe todo. De antemano ya sabe que, después de habernos confesado, volveréis a pecar. Y, sin embargo, perdona. Va incluso tan lejos como para olvidar intencionadamente el futuro con tal de perdonarnos».
San Juan María Vianney
Santo Cura de Ars
Dardilly, 1786 – Ars, 1859
«El cuidado de los enfermos debe estar ante todo y por encima de todo. Hay que servirles como si fueran realmente Cristo».
San Benito de Nursia
Nursia (Umbría) 480 d.C. – Montecasino (Lacio) 547 d.C.
Fundador de la Orden Benedictina, Patrono de Europa y Abad
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