Sevilla 21 de mayo de 2020
1. Introducción
Como ya se dijo en el tema anterior, los 10 Mandamientos están agrupados en dos grandes bloques: los mandamientos del amor a Dios –que son los tres primeros–; y los mandamientos del amor al prójimo –que son los siete restantes–. Que es la interpretación que –como ya hemos visto– Jesús hace de la Ley a la luz del doble y único mandamiento de la caridad, que es su plenitud: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el mayor y primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas» (Mt 22, 37-40).
¿Cuáles son estos mandamientos?:
4. Honrarás a tu padre y a tu madre.
5. No matarás.
6. No cometerás actos impuros.
7. No robarás.
8. No dirás falso testimonio ni mentirás.
9. No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
10. No codiciarás los bienes ajenos.
Veamos una breve explicación de cada uno de ellos.
2. El cuarto mandamiento: «Honrarás a tu padre y a tu madre»
El cuarto mandamiento se refiere, en primer lugar, a los padres, pero también a las personas a quienes debemos nuestro bienestar, nuestra seguridad y nuestra fe (CIC 2196-2200, 2247-2248).
a. ¿Cuáles son los deberes de los hijos hacia los padres?
Los hijos deben a los padres piedad filial, es decir, reconocimiento, docilidad y obediencia, contribuyendo así –junto a las buenas relaciones entre hermanos– al crecimiento de la armonía y la santidad familiar. En caso de que los padres se encuentren en situación de pobreza, los hijos adultos deben prestarles ayuda moral y material (CCIC, 459).
b. ¿Cuáles son los deberes de los padres hacia los hijos?
Los padres son los primeros responsables de la educación de sus hijos y los primeros anunciadores de la fe. Tienen el deber de amar y respetar a sus hijos como personas y como hijos de Dios, y proveer, en cuanto sea posible, a sus necesidades materiales y espirituales. En especial, tienen la misión de educarlos en la fe cristiana: el ejemplo, la oración, la catequesis familiar y la participación en la vida de la Iglesia serán los medios para conseguirlo (CCIC, 460).
c. ¿Cómo se ejerce la autoridad en los distintos ámbitos de la sociedad civil?
En los distintos ámbitos de la sociedad civil la autoridad de ejerce como servicio, respetando los derechos fundamentales del hombre, una justa jerarquía de valores, las leyes, la justicia distributiva y el principio de subsidiaridad. Cada cual, en el ejercicio de la autoridad, debe buscar el interés de la comunidad antes que el propio, y debe inspirar sus decisiones en la verdad sobre Dios, el hombre y el mundo (CCIC, 463).
d. ¿Cuáles son los deberes de los ciudadanos respecto a las autoridades civiles?
El amor y servicio de la patria, el derecho y deber del voto, el pago de los impuestos, la defensa del país y el derecho a una crítica constructiva.
e. ¿Cuándo un ciudadano no debe obedecer a las autoridades civiles?
Cuando las prescripciones de la autoridad civil se opongan a las exigencias del orden moral: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hch 5,29).
3. El quinto mandamiento: No matarás.
La vida humana supone desde el principio la acción creadora de Dios, por lo tanto, la vida ha de ser respetada porque es sagrada. A nadie le es lícito destruir directamente a un ser humano inocente, porque es gravemente contrario a la dignidad de la persona y a la santidad del Creador: «No quites la vida del inocente y justo» (Ex 23,7).
Sin embargo, la legítima defensa de la persona y de la sociedad no va contra esa norma porque la opción de defenderse valora el derecho a la vida, propia o ajena, pero sin intención de matar. Cuando se es responsable de la vida de otro, la legítima defensa puede ser también un grave deber, lo que no debe suponer un uso de la violencia mayor que el necesario.
b. ¿Qué prohíbe el quinto mandamiento?
Las acciones gravemente contrarias a la ley moral que prohíbe este mandamiento son las siguientes:
– El homicidio directo y voluntario, así como la cooperación al mismo.
– El aborto directo querido como fin o como medio, así como la cooperación al mismo, bajo pena de excomunión. El ser humano debe ser respetado y protegido de modo absoluto en su integridad desde el instante de su concepción.
– La eutanasia directa, que consiste en poner término –con una acción u omisión de lo necesario– a la vida de las personas discapacitadas, gravemente enfermas o próximas a la muerte.
– El suicidio y la cooperación voluntaria al mismo, en cuanto que es una ofensa grave al justo amor de Dios, de sí mismo y del prójimo; en cuanto a la responsabilidad puede ser atenuada con particulares trastornos psíquicos o graves temores.
c. ¿Qué deberes tenemos hacia nuestro cuerpo?
Debemos tener un razonable cuidado de la salud –propia y ajena–, evitando el culto al cuerpo y todo tipo de excesos –alimentos, alcohol, tabaco y medicamentos–. Además han de evitarse el consumo de estupefacientes, que causan gravísimos daños a la salud y a la vida humana. Por consiguiente, los secuestros de personas y toma de rehenes, el terrorismo, la tortura, la violencia, la esterilización directa, son prácticas contrarias al respeto a la integridad corporal de la persona humana.
4. El sexto mandamiento: No cometerás actos impuros.
Dios ha creado al hombre como varón y mujer, con igual dignidad personal, y ha inscrito en él la vocación del amor y de la comunión. Corresponde a cada uno aceptar la propia identidad sexual, reconociendo la importancia de la misma para toda la persona, su especificidad y complementariedad (CCIC 487).
a. ¿Qué es la castidad?
En este sentido, la castidad –virtud moral, don de Dios, gracia y fruto del Espíritu Santo–, supone la adquisición del dominio de sí mismo, como expresión de libertad humana destinada al don de uno mismo. Todos, siguiendo a Cristo –modelo de castidad– estamos llamados a llevar una vida casta según el propio de estado de vida: ya bien en virginidad o celibato consagrados, ya bien viviendo la castidad conyugal –estando casados–, ya bien predicando la castidad con la continencia, en el caso de los no casados.
b. ¿Cuáles son los principales pecados contra la castidad?
Son pecados gravemente contrarios a la castidad el adulterio, la masturbación, la fornicación, la pornografía, la prostitución, el estupro y los actos homosexuales (CCIC 492). Aunque en el texto bíblico del Decálogo se dice «no cometerás adulterio» (Ex 20,14) la Tradición de la Iglesia tiene en cuenta todas las enseñanzas morales del Antiguo y del Nuevo Testamento, y considera que el sexto mandamiento como referido al conjunto de todos los pecados contra la castidad.
c. ¿Cuáles son los bienes del amor conyugal al que está ordenada la sexualidad? Los bienes del amor conyugal, que para los bautizados está santificado en el sacramento del Matrimonio, son: la unidad, la fidelidad, la indisolubilidad y la apertura a la fecundidad. En este ámbito, el acto conyugal tiene un doble significado: de unión (la mutua donación de los cónyuges), y de procreación (la apertura a la transmisión de la vida). En consecuencia, las ofensas a la dignidad del Matrimonio son las siguientes: el adulterio, el divorcio, la poligamia, el incesto, la unión libre (convivencia, concubinato) y el acto sexual antes o fuera del Matrimonio.
5. El séptimo mandamiento: No robarás.
a. ¿Qué prescribe el séptimo mandamiento?
El séptimo mandamiento prescribe el respeto a los bienes ajenos mediante la práctica de la justicia y de la caridad, de la templanza y de la solidaridad. En particular exige el respeto a las promesas y a los contratos estipulados; la reparación de la injusticia cometida y la restitución del bien robado; el respeto a la integridad de la Creación.
b. ¿Qué prohíbe el séptimo mandamiento?
Ante todo prohíbe el robo, que es la usurpación del bien ajeno contra la razonable voluntad de su dueño. También cuando se pagan salarios injustos; cuando se especula haciendo variar artificialmente el valor de los bienes para obtener beneficio en detrimento ajeno y cuando se falsifican cheques o facturas. Prohíbe, además, cometer fraudes fiscales o comerciales y ocasionar voluntariamente un daño a las propiedades privadas o públicas. Prohíbe igualmente la usura, la corrupción, el abuso privado de bienes sociales, los trabajos culpablemente mal realizados y el despilfarro.
6. El octavo mandamiento: No darás falso testimonio ni mentirás.
Toda persona está llamada a la sinceridad y a la veracidad en el hacer y en el hablar. En Jesucristo, la verdad de Dios se ha manifestado íntegramente: Él es la Verdad. Quien le sigue vive en el espíritu de la verdad, y rechaza la doblez, la simulación y la hipocresía.
a. ¿Qué prohíbe el octavo mandamiento?
El octavo mandamiento prohíbe:
– El falso testimonio, el perjurio y la mentira, cuya gravedad se mide según la naturaleza de la verdad que deforma, de las circunstancias, de las intenciones del mentiroso y de los daños ocasionados a las víctimas.
– El juicio temerario, la maledicencia, la difamación y la calumnia, que perjudican o destruyen la buena reputación y el honor a los que tiene derecho toda persona.
– El halago, la adulación o la complacencia, sobre todo si están orientadas a pecar gravemente o para lograr ventajas ilícitas
b. ¿Qué exige el octavo mandamiento?
El octavo mandamiento exige el respeto a la verdad, acompañado de la discreción de la caridad:
– En la comunicación e información que deben valorar el bien personal y común, la defensa de la vida privada y el peligro del escándalo.
– En la reserva de los secretos profesionales, que han de ser siempre guardados, salvo en casos excepcionales y por motivos graves y proporcionados.
– En el respeto a las confidencias hechas bajo exigencia de secreto.
7. El noveno mandamiento: No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
a. ¿Qué exige el noveno mandamiento?
El noveno mandamiento no se opone al deseo sexual en sí, sino al deseo desordenado. La «concupiscencia», contra la que alerta la Sagrada Escritura, es el predominio de lo impulsivo sobre toda la persona y la pecaminosidad que surge de ello.
Sin embargo, «la atracción erótica entre el hombre y la mujer ha sido creada por Dios y es por eso buena; pertenece al ser sexuado y a la constitución biológica del ser humano. Se encarga de que se unan el hombre y la mujer y de que de su amor pueda brotar la descendencia. Esta unión debe ser protegida por el noveno mandamiento. Jugando con fuego, es decir, por un trato imprudente con la chispa erótica entre el hombre y la mujer, no es lícito poner en peligro el ámbito protegido del matrimonio y la familia» (YOUCAT, 462).
b. ¿Cómo llegar a la pureza de corazón?
El bautizado, con la gracia de Dios y luchando contra los deseos desordenados, alcanza la pureza del corazón mediante la virtud y el don de la castidad, la pureza de intención, la pureza de la mirada exterior e interior, la disciplina de los sentimientos y de la imaginación, y con la oración. La pureza también exige el pudor que, preservando la intimidad de la persona, expresa la delicadeza de la castidad y regula las miradas y gestos, en conformidad con la dignidad de las personas y con la relación que existe entre ellas. El pudor libera del difundido erotismo y mantiene alejado cuanto favorece la curiosidad morbosa (CCIC 529-530).
8. El décimo mandamiento: No codiciarás los bienes ajenos.
a. ¿Qué manda y qué prohíbe el décimo mandamiento?
Este mandamiento, que complementa al anterior, exige una actitud interior de respeto en relación con la propiedad ajena, y prohíbe la avaricia, el deseo desordenado de los bienes de otros y la envidia, que consiste en la tristeza experimentada ante los bienes ajenos del prójimo y en el deseo desordenado de apropiarse de los mismos.
b. ¿Qué exige Jesús con la pobreza del corazón?
Jesús exige a sus discípulos que le antepongan a Él respecto a todo y a todos. El desprendimiento de las riquezas –según el espíritu de la pobreza evangélica– y el abandono a la providencia de Dios, que nos libera de la preocupación por el mañana, nos preparan para la bienaventuranza de «los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos» (Mt 5,3).
c. ¿Cuál es el mayor y más íntimo deseo del hombre?
El mayor y más íntimo deseo del hombre es ver a Dios. Éste es el grito de todo su ser: «¡Quiero ver a Dios!». El hombre, en efecto, realiza su verdadera y plena felicidad en la visión y en la bienaventuranza de Aquél que lo ha creado por amor, y lo atrae hacia sí en su infinito amor.
9. Reflexión YOUCAT
«El que ve a Dios obtiene todos los bienes que se pueden concebir»
San Gregorio de Nisa
(335 Capadocia – 394 Nyssa)
10. Lecturas recomendadas
– SANTA BIBLIA: (Mt 5), (Mt 22), (Hch 5), (Ex 20), (Ex 23)
– COMPENDIO DEL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA: 455-533
– YOUCAT: 367-468
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