martes, 15 de septiembre de 2026

Indice dinámico

P R I M E R A    P A R T E 

Catequesis propedéuticas al Sacramento del Bautismo

FORMACIÓN PREBAUTISMAL PARA PADRES Y PADRINOS


P R E S E N T A C I Ó N   I

1. El Bautismo de tu hijo: mucho más que una tradición
2. El rito del Bautismo explicado paso a paso: ¿qué significa cada gesto?


S E G U N D A    P A R T E 

Temas de formación para preparar el Sacramento de la Confirmación


P R E S E N T A C I Ó N   II

I. LO QUE CREEMOS


II. VIVIR COMO JESÚS


III. CÓMO DEBEMOS ORAR


IV. PARA FINALIZAR LA PREPARACIÓN


T E R C E R A    P A R T E 

Otros temas para conocer y profundizar en la Doctrina Católica


P R E S E N T A C I Ó N   III









lunes, 14 de septiembre de 2026

2. El rito del Bautismo explicado paso a paso: ¿Qué significa cada gesto?

 CATEQUESIS PROPEDÉUTICAS AL SACRAMENTO DEL BAUTISMO (2)

Formación prebautismal para padres y padrinos


«El que no nazca del agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios» (Jn 3,5) 


1. CUANDO DIOS HABLA CON SIGNOS

El Bautismo dura unos minutos, lo que Dios hace en esos minutos dura toda la eternidad.

Hay celebraciones que emocionan por su belleza, el Bautismo suele ser una de ellas: la iglesia llena de familiares, un bebé en brazos, una vela encendida, unas gotas de agua sobre la cabeza… Pero existe una pregunta que merece ser planteada y respondida: ¿entendemos realmente lo que está ocurriendo?

La liturgia nunca hace gestos vacíos, cada palabra, cada movimiento y cada signo han sido transmitidos por la Iglesia durante siglos para anunciar una realidad invisible: Dios está actuando.

Hoy recorreremos el Bautismo como si camináramos por la iglesia, desde la puerta hasta el altar, descubriendo el lenguaje con el que Dios habla a cada niño que recibe este sacramento.


2. LA PUERTA: NADIE ENTRA POR CASUALIDAD

Curiosamente, el Bautismo no comienza en la pila bautismal, comienza en la puerta. No es un detalle protocolario, es un símbolo profundamente cristiano. Jesús dijo:

«Yo soy la puerta.» (Jn 10,9)

La puerta representa el paso hacia una vida nueva. Allí el sacerdote hace dos preguntas que parecen sencillas, pero que contienen toda una teología.

  • «¿Qué nombre habéis elegido para vuestro hijo?». En la Biblia el nombre nunca es un simple dato administrativo. Dios llama por su nombre a Abraham, Moisés, Samuel, María, Jesús… Llamar por el nombre significa reconocer una vocación. Cuando la Iglesia pronuncia el nombre del niño está diciendo algo muy profundo: «Dios conoce a esta persona desde siempre».
  • «¿Qué pedís a la Iglesia para vuestro hijo?» La respuesta es breve: «El Bautismo». No se está pidiendo una ceremonia, se está pidiendo una vida nueva en el Espíritu.


3. LA CRUZ SOBRE LA FRENTE: YA PERTENECES A CRISTO

El sacerdote traza una cruz sobre la frente del niño. Después invita a padres y padrinos a repetir el gesto. Es un momento muy delicado, la primera marca que recibe el niño es la cruz.

Durante siglos los cristianos han comenzado y terminado el día haciendo esa señal. ¿Por qué? Porque la cruz no recuerda solamente el sufrimiento y la muerte de Jesús, también, y sobre todo, recuerda el amor con el Cristo venció a la muerte para nuestra salvación. Ojalá ese gesto no quede limitado al Bautismo sino que, por el contrario, acompañe al bautizado durante toda su vida.

Muchos padres recuperan una antigua costumbre cristiana: hacer la señal de la cruz sobre la frente de sus hijos antes de dormir. Es una pequeña catequesis diaria que va calando en su alma.


4. LA PALABRA DE DIOS: ÉL HABLA PRIMERO.

Antes del agua viene la Palabra, ese orden es importante porque Dios siempre toma la iniciativa. Después nosotros respondemos, por eso se proclama el Evangelio.

Uno de los textos más apropiados es el mandato misionero: «Id y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.» (Mt 28,19). El Bautismo no nació como una tradición inventada por la Iglesia, nace del mandato directo de Cristo resucitado.


5. LOS SANTOS TAMBIÉN ESTÁN PRESENTES

Después llegan las letanías. Algunas personas se sorprenden: «¿Qué hacen aquí tantos santos?» La respuesta es muy sencilla, una familia acaba de recibir un nuevo miembro y toda la familia viene a darle la bienvenida. 

La Iglesia no está formada únicamente por quienes estamos en la tierra (Iglesia militante), también participan quienes ya viven junto a Dios (Iglesia triunfante), y por eso invocamos a la Santísima Virgen María, a San José, a los apóstoles y a tantos santos que han recorrido antes el camino de la fe.


6. EL ÓLEO DE LOS CATECÚMENOS: DIOS FORTALECE ANTES DEL COMBATE

Antes del agua aparece el aceite. En la antigüedad los atletas se ungían antes de competir, los guerreros también eran ungidos antes de la batalla. La Iglesia conserva esa imagen, pues la vida cristiana no será siempre fácil, tenemos que estar preparados para entablar la batalla contra el mal. 

«Nosotros que somos el día, seamos sobrios, revistiéndonos con la coraza de la fe y del amor, y con el yelmo de la esperanza de la salvación.» (1Tes 5,8)

El Bautismo no elimina las dificultades de la vida de este mundo, pero desde el principio de nuestra vida en Cristo tendremos poderosos aliados –comenzando por Dios y siguiendo por la Santísima Virgen María, los santos, los ángeles, los arcángeles y por toda la corte celestial– que nos darán la fortaleza necesaria para afrontar toda dificultad y tribulación. Por ello, este óleo recuerda que nunca caminaremos solos, y no sólo estaremos acompañados por nuestra familia del cielo, sino que tendremos la certeza de que la batalla final contra el mal está ganada de antemano, si nos mantenemos fieles a Nuestro Señor Jesucristo.

«Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.» (Mt 16, 18)

El sacerdote aplica el aceite –que es puro de oliva, no confundir con el aceite del Santo Crisma, que se utilizará después de haber recibido el agua bautismal– sobre el pecho o en las manos del niño.


7. EL AGUA: TODA LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN DESEMBOCA AQUÍ

Llegamos al centro de la celebración: la pila bautismal.

Pocas son las oraciones del Ritual Romano tan ricas como la bendición del agua. El sacerdote bendice el agua recordando cómo Dios ha utilizado este elemento desde el comienzo del mundo.

(Aunque este aspecto ya ha sido tratado en la catequesis previa, vamos a profundizar un poco más en las cinco grandes aguas de la Biblia.)

La liturgia hace memoria de una historia fascinante:

  • La Creación. «El Espíritu de Dios se cernía sobre las aguas.» (Gén 1,2). San Basilio decía: «El agua recibe la gracia mediante la presencia del Espíritu».
  • El Diluvio. La oración recuerda después a Noé, porque el Diluvio destruye el pecado y salva a una familia. «Aquello (el Diluvio) era también un símbolo del bautismo que actualmente os está salvando, que no es purificación de una mancha física, sino petición a Dios de una buena conciencia, por la resurrección de Jesucristo.» (1P 3,21)
  • El Mar Rojo. Este episodio es fundamental. Israel sale de Egipto, pero aún no es libre, la libertad llega después de atravesar las aguas. De nuevo nos encontramos con una prefiguración del Bautismo donde vemos cómo el pueblo de Israel es liberado de la esclavitud al atravesar las aguas del Mar Rojo. La esclavitud de la que nos libera el Bautismo es la del pecado, naciendo a la vida en Cristo limpios de todo pecado.
  • El Jordán. ¿Por qué Jesús se bautizó? Los padres de la Iglesia son unánimes en su respuesta: «No fue Cristo quien necesitó el agua, fue el agua quien necesitó a Cristo». San Gregorio Nacianceno dice: «Cristo desciende para santificar las aguas». Así pues, desde aquel glorioso momento, toda el agua bautismal queda vinculada a Cristo.
  • El costado abierto de Cristo. Llegamos al punto culminante. San Juan escribe «… uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua» (Jn 19, 34). Es el nacimiento de la Iglesia, el agua es el Bautismo y la sangre la Eucaristía. Como Eva nació del costado de Adán, la Iglesia nace del costado del nuevo Adán, Jesucristo, Hijo de Dios y Señor nuestro.

Después de recordar toda esta historia, el sacerdote pide que el Espíritu Santo descienda sobre el agua, no para que cambie su composición química, sino porque Dios quiere servirse de ella como instrumento de gracia. El agua sigue siendo agua, pero Dios actúa por medio de ella.


8. LAS RENUNCIAS: LA PRIMERA GRAN DECISIÓN DEL CRISTIANO

Antes de proclamar un «creo», la tradición invita primero a pronunciar un «renuncio». Más que una imposición, la fe concibe este paso como un acto de coherencia y liberación: es el gesto de vaciar las manos antes de recibir algo nuevo.

Jesús presenta constantemente dos caminos: luz o tinieblas, vida o muerte, Dios o el diablo. Y el Bautismo implica tomar el camino de luz, vida y salvación eterna. Por eso el sacerdote hace las siguientes preguntas a los padres y padrinos que responden en su propio nombre y en representación del niño, asumiendo el compromiso de educarlo en esa fe:


Las tres preguntas de renuncia al mal

El sacerdote hace tres preguntas directas, a las cuales los padres y padrinos responden conjuntamente: «Sí, renuncio».

SACERDOTE: —«¿Renunciáis al pecado para vivir en la libertad de los hijos de Dios?»
RESPUESTA: —«Sí, renuncio.»

SACERDOTE: —«¿Renunciáis a las seducciones del mal para que el pecado no domine en vosotros?»
RESPUESTA: —«Sí, renuncio.»

SACERDOTE: —«¿Renunciáis a Satanás, padre y autor del pecado?»
RESPUESTA: —«Sí, renuncio.»

(En algunas diócesis o países se puede usar una fórmula alternativa formulada en una sola pregunta o adaptada, pero la estructura clásica y oficial del Ritual es esta triple renuncia).
La Profesión de Fe (La respuesta positiva)

Inmediatamente después de renunciar al mal, el sacerdote pide a los padres y padrinos que profesen la fe de la Iglesia en la que va a ser bautizado el niño. Para ello hace tres preguntas sobre las verdades fundamentales del Credo:

SACERDOTE: —«¿Creéis en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra?»
RESPUESTA: —«Sí, creo.»

SACERDOTE: —«¿Creéis en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que nació de la Virgen María, padeció, fue sepultado, resucitó de entre los muertos y está sentado a la derecha del Padre?»
RESPUESTA: –«Sí, creo.»

SACERDOTE: —«¿Creéis en el Espíritu Santo, en la Santa Iglesia Católica, en la comunión de los santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de la carne y en la vida eterna?»
RESPUESTA: «Sí, creo.»


El asentimiento de la comunidad

Tras las respuestas de los padres y padrinos, el sacerdote culmina este bloque confirmando la fe que todos acaban de profesar con esta aclamación:

SACERDOTE: —«Esta es nuestra fe. Esta es la fe de la Iglesia, que nos gloriamos de profesar en Jesucristo, Señor nuestro.»
TODOS LOS ASISTENTES RESPONDEN: —«Amén.»

Acto seguido, el sacerdote pregunta a los padres y padrinos si desean concretamente que el niño reciba el Bautismo en esa fe que acaban de profesar («¿Queréis, por tanto, que N. sea bautizado en la fe de la Iglesia que todos juntos acabamos de profesar?»), a lo que responden «Sí, queremos», pasando inmediatamente a la pila bautismal.

De igual manera que en el rito del Bautismo los padres y padrinos prestan su voz al niño, durante unos años seguirán con esa hermosa pero grave responsabilidad. Pero llegará un día –en la Confirmación y después durante toda su vida– en que será él quien diga personalmente:

—«Creo.»

Por eso estas respuestas no deberían pronunciarse de manera automática y sin una reflexión profunda sobre su trascendente significado, son un serio compromiso.

Finalmente el sacerdote derrama tres veces el agua, y pronuncia las palabras que Cristo dejó a su Iglesia.

—«Yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.»

En ese instante sucede todo lo que explicábamos en la primera entrada, el bautizado:
  • Nace a una vida nueva.
  • Es hijo de Dios.
  • Recibe el Espíritu Santo.
  • Entra a formar parte en la Iglesia como miembro de pleno derecho.
  • Queda unido para siempre a Cristo.
La liturgia es muy sobria, pero el cielo entero celebra este gran acontecimiento.

9. EL SANTO CRISMA: AHORA PARTICIPAS DE LA MISIÓN DE CRISTO

Ahora, a diferencia del aceite de protección, recibido anteriormente, llega la aplicación de otro aceite muy distinto, es el Santo Crisma. Con él eran ungidos los reyes, los sacerdotes, los profetas, y ahora, el niño participa de la misión de Cristo, que reúne esas tres dimensiones.

Al ser ungido con el Santo Crisma en la coronilla, el bautizado queda configurado con Cristo (cuyo nombre significa precisamente «el Ungido») y participa de sus tres funciones o atributos esenciales:

  • Sacerdote. Significa la capacidad de ofrecer la propia vida como culto a Dios. No se refiere al sacerdocio ministerial (el del cura), sino al sacerdocio común de los fieles: transformar el trabajo cotidiano, los estudios, la familia, las alegrías y las dificultades en una oración y una ofrenda agradable a Dios.
  • Profeta. Le otorga la misión de ser testigo y portavoz de la verdad de Dios. Un profeta no es quien adivina el futuro, sino quien anuncia el mensaje del Evangelio con su palabra y estilo de vida, denunciando las injusticias y transmitiendo esperanza en su entorno.
  • Rey. En el sentido cristiano, «reinar es servir». Este atributo le otorga la dignidad de hijo de Dios –liberado de la esclavitud del pecado– y el llamado a ejercer el liderazgo mediante el servicio a los demás, especialmente a los más necesitados, imitando a Jesús, que vino «a servir y no a ser servido».

A través de esta unción, la Iglesia expresa que incluso el bebé más pequeño recibe desde ese momento una dignidad plena y una misión única en el mundo.


10. LA VESTIDURA BLANCA: REVESTIDOS DE CRISTO

La vestidura blanca representa el cambio interior y la nueva condición de la persona bautizada:

  • Pureza y perdón de los pecados. El color blanco simboliza la limpieza del alma, la eliminación del pecado original (y de todo pecado personal en el caso de los adultos) y el estado de gracia con el que renace la persona.
  • Revestirse de Cristo. Evoca las palabras de San Pablo: «Los que han sido bautizados se han revestido de Cristo» (Gál 3, 27). El traje funciona como una metáfora visual: la persona no sólo limpia su vida, sino que adopta la identidad, la vida y los valores de Jesús.
  • Dignidad de hijo de Dios. Es una prenda de honor que distingue al bautizado como miembro renovado de la Iglesia.
  • Compromiso de por vida. Durante la entrega del vestido, el sacerdote pronuncia una oración que invita a conservar esa vestidura «sin mancha» –manteniendo la integridad y la fe– hasta la vida eterna.

11. LA VELA: UNA LUZ QUE NECESITA ALIMENTARSE

El cirio encendido (o vela bautismal) simboliza la luz de Cristo resucitado recibida por el bautizado para iluminar su vida.

  • Cristo como Luz del mundo. La llama se enciende directamente del Cirio Pascual, indicando que el bautizado pasa de las tinieblas del pecado a la luz de la fe.
  • Guía y testimonio. Significa la misión de mantener viva esa fe en el día a día para ser, a su vez, «luz para los demás».
  • Responsabilidad compartida. Se entrega a los padres y padrinos con el encargo de cuidar y hacer crecer esa llama en la educación del niño.

Después el sacerdote dice unas palabras dirigidas especialmente a padres y padrinos:

—«A vosotros se os confía alimentar esta luz.»

No dice «conservarla», dice «alimentarla»; y esa diferencia cambia todo, la fe es como un fuego que necesita alimento: la oración, la Palabra, los sacramentos…


12. LA BENDICIÓN FINAL: COMIENZA EL VERDADERO CAMINO

La conclusión del rito nos lleva desde la pila bautismal hasta el altar, donde se desarrollan dos momentos clave:

  • Procesión y Padrenuestro. Todos caminan desde la pila bautismal hacia el altar. Al llegar al altar, la asamblea reza unida el Padrenuestro. Es un gesto con un simbolismo litúrgico muy fuerte: el niño, recién bautizado y hecho hijo de Dios, «reza» por primera vez la oración de los hijos en la mesa de la Eucaristía a través de la voz de la Iglesia.
  • Las Bendiciones solemnes. A continuación, el sacerdote imparte las bendiciones finales por separado: 
    • Bendición a la madre. El sacerdote pide a Dios que colme de gracias a la madre, agradeciendo el don de la vida y pidiendo que sea la primera testigo de la fe para su hijo.
    • Bendición al padre. Otorga la gracia al padre para que sea, junto con su esposa, ejemplo de fe y amor con sus palabras y obras.
    • Bendición a la comunidad y padrinos. Se pide la protección de Dios para todos los presentes, enviándolos en paz a vivir su compromiso cristiano en el mundo.


13. CONCLUSIÓN: EL BAUTISMO NO TERMINA EN LA PILA, COMIENZA AL FINALIZAR EL RITO

Cuando las velas se apagan, el agua se seca y las bendiciones finales resuenan en la iglesia, el rito no ha llegado a su fin; en realidad, acaba de comenzar.

El Bautismo no es sólo una hermosa ceremonia familiar ni un trámite de bienvenida. Es la entrega de un tesoro: una semilla de vida divina, una identidad incorruptible como hijo de Dios y una luz que jamás debe extinguirse. 

Los signos que hemos recorrido —la renuncia que nos libera, la fe que nos une, la unción del Crisma que nos da dignidad de reyes y el cirio que ilumina la oscuridad— no son meros adornos litúrgicos. Son el mapa de ruta para toda la vida.

A ustedes, padres y padrinos, no se les pide que sean perfectos, sino que sean custodios de este regalo. Cada vez que enseñen a su hijo a perdonar, a servir, a buscar la verdad y a rezar ese Padrenuestro con el que cerramos la celebración, estarán haciendo que su vestidura blanca siga resplandeciendo.

El sacerdote derrama el agua en la pila, pero a ustedes les toca regar esa fe día a día.


14. FUENTES BIBLIOGRÁFICAS

1. Magisterio de la Iglesia Católica
  • Catecismo de la Iglesia Católica (CIC)
    • Artículos principales sobre el Bautismo: nn. 1213–1274.
    • Sobre el concepto de Sacramento: nn. 1113–1131.
    • Sobre la fe y la comunidad: nn. 1253–1255.
    • Sobre los deberes de la familia cristiana: nn. 2221–2231.
2. Libros Litúrgicos Oficiales
  • Ritual del Bautismo de NiñosComisión Episcopal de Liturgia de la Conferencia Episcopal Española / Edición para la Liturgia (Ritual Romano promulgado por decreto del Concilio Vaticano II y renovado por mandato del Papa Pablo VI).
  • Praenotanda (Observaciones generales y pastorales para la preparación de los padres y padrinos).
3. Derecho Canónico
  • Código de Derecho Canónico (CDC)
    • Canon 849–874: Del sacramento del Bautismo (normativa sobre la celebración, la obligación de la catequesis prebautismal para padres/padrinos y los requisitos para ser padrino).
    • Canon 226, § 2; Canon 774, § 2: Sobre la obligación de los padres de educar a sus hijos en la fe católica.
4. Sagrada Escritura (Citas bíblicas utilizadas)
  • Génesis 1, 2: El Espíritu sobre las aguas en la Creación.
  • Jeremías 1, 5: «Antes de formarte en el vientre te conocía».
  • Evangelio según San Mateo 3, 13–17; 28, 19–20: El bautismo de Jesús en el Jordán y el mandato misionero del Señor.
  • Evangelio según San Juan 3, 1–6; 10, 9: Diálogo con Nicodemo («Nacer del agua y del Espíritu») y Cristo como Puerta.
  • Evangelio según San Lucas 2, 51: María guardaba todas las cosas en su corazón.
  • Primera Carta de San Pedro 3, 20: La salvación a través del agua del Diluvio como prefiguración.


1. El Bautismo de tu hijo: Mucho más que una tradición

 CATEQUESIS PROPEDÉUTICAS AL SACRAMENTO DEL BAUTISMO (1)

Formación prebautismal para padres y padrinos


«Antes de formarte en el vientre te conocía» (Jer 1,5)


1. EL BAUTISMO: EL MAYOR REGALO QUE PUEDES HACER A TU HIJO

Hay regalos que duran unos meses. Otros acompañan toda la vida. Y hay uno que trasciende incluso la muerte: el Bautismo.

Muchos padres llegan a la parroquia con una sencilla solicitud: «Queremos bautizar a nuestro hijo». Tras esa petición hay motivos muy diversos. Algunos hablan de tradición familiar; otros recuerdan el deseo de los abuelos; otros simplemente quieren «lo mejor» para su hijo…

La Iglesia acoge esas motivaciones con respeto, pero propone una pregunta más profunda: ¿sabemos realmente qué ocurre cuando un niño es bautizado? El Bautismo no es una ceremonia para poner un bonito recuerdo en el álbum familiar. Es el comienzo de una historia nueva entre Dios y ese niño.


2. EL BAUTISMO ES, ANTE TODO, UN SACRAMENTO

Antes de hablar del Bautismo conviene detenernos en un palabra que los católicos usamos con frecuencia, pero que quizás no siempre comprendemos en toda su integridad: sacramento.

¿Qué es un sacramento? El Catecismo de la Iglesia Católica lo define como un «signo eficaz de la gracia, instituido por Cristo y confiado a la Iglesia, por el cual nos es dispensada la vida divina» (CIC 1131). Es una definición muy rica y merece la pena desgranarla brevemente.

Un sacramento es, ante todo, un signo visible. Dios conoce nuestra condición humana y sabe que aprendemos a través de los sentidos. El agua limpia, el aceite cura, la luz ilumina, el pan alimenta… Por eso toma realidades sencillas de la vida cotidiana y las convierte en instrumentos de su gracia.

El Señor dejó instituidos siete sacramentos, los tres primeros constituyen los sacramentos de la iniciación cristiana: Bautismo –nos hace nacer a la vida de Dios–, Confirmación –nos fortalece con el Espíritu Santo–, Eucaristía –alimenta nuestra unión con Cristo–, Penitencia –nos reconcilia con Dios–, Unción de enfermos –nos sostiene en la enfermedad–, Orden sacerdotal –configura a los llamados para servir al pueblo de Dios–, y Matrimonio –santifica el amor entre los esposos–.

No son ritos aislados, sino un verdadero itinerario de gracia que acompaña toda la vida del creyente.

Entre todos ellos, el Bautismo ocupa un lugar único. El Catecismo llama al santo Bautismo «el fundamento de toda la vida cristiana», «pórtico de la vida en el espíritu» y «la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos» (CIC 1213). Sin él no pueden recibirse los demás sacramentos, porque es el que nos incorpora a Cristo y a su Iglesia.

Jesús lo explicó con palabras sorprendentes cuando habló con Nicodemo: 

«El que no nazca del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. (Jn 3,5)

Nicodemo no entendía cómo podía alguien nacer dos veces. Nosotros tampoco lo entenderíamos si pensáramos sólo en el nacimiento físico. Pero Jesús habla de otro nacimiento: el primero nos lo dan nuestros padres, el segundo nos lo regala Dios.

Comprender esto cambia nuestra manera de mirar la celebración. No acudimos simplemente a una ceremonia emotiva o a una tradición familiar. Nos acercamos al momento en que Dios abre para un niño la puerta de la existencia completamente nueva, una vida que comienza en esta tierra y está llamada a culminar en la eternidad.


3. LOS CUATRO GRANDES REGALOS DEL BAUTISMO

  • Nos hace hijos de Dios. Este es el regalo más grande. No significa que antes Dios no quisiera al niño. Significa que ahora participa de una manera completamente nueva en la vida misma de Dios. Desde ese momento puede llamar a Dios «Padre» con pleno derecho. No es una metáfora. Es una realidad sobrenatural.
  • Nos libera del pecado. Aquí conviene aclarar una duda frecuente. Muchos preguntan: «¿Qué pecado tiene un bebé?» Ninguno personal. La Iglesia no bautiza porque el niño haya hecho algo malo. Lo bautiza para introducirlo plenamente en la vida de Cristo y liberarlo de la condición humana herida por el pecado original. El Bautismo borra el pecado original y restituye la gracia, aunque permanezca la inclinación al pecado (concupiscencia), inaugurando así una existencia reconciliada con Dios.
  • Recibimos el Espíritu Santo. Cuando Jesús salió del Jordán, el Espíritu descendió sobre Él. Ese mismo Espíritu es derramado sobre el bautizado. No se trata de una energía impersonal. Es la tercera Persona de la Trinidad, que comienza a habitar en el alma del cristiano.
  • Entramos en una familia nueva. La concepción y nacimiento de un hijo van acompañados de un sentido de acogida en el seno de la familia –padre, madre, hermanos, abuelos…–. El Bautismo ofrece la posibilidad de pertenecer a una familia extraordinariamente grande, la familia de la Iglesia, pero no sólo la de la Iglesia militante/peregrina/, sino también la purgante/purificante y la triunfante/gloriosa. No entra, simplemente, a formar parte de la vida en una parroquia, es reconocido como miembro de pleno derecho del Pueblo de Dios. 


4.  SIGNO SENSIBLE DEL BAUTISMO: EL AGUA

El agua aparece constantemente en la Biblia. No es casualidad. Dios fue prefigurando durante siglos el significado del Bautismo.

  • En la creación, «el Espíritu de Dios se cernía sobre las aguas» (Gen 1,2).
  • En el Diluvio, el Arca de Noé: «unos pocos, es decir, ocho personas, fueron salvados a través del agua» (1P 3,20).
  • En el paso del Mar Rojo, «verdadera liberación de Israel de la esclavitud de Egipto, es el que anuncia la liberación obrada por el Bautismo.» (CIC 1221).
  • En el paso del Jordán, donde el Bautismo vuelve a ser prefigurado, pues «el pueblo de Dios recibe el don de la tierra prometida a la descendencia de Abraham, imagen de la vida eterna» (CIC 1222).
  • «Todas las prefiguraciones de la Antigua Alianza culminan en Cristo Jesús. Comienza su vida pública después de hacerse bautizar por san Juan el Bautista en el Jordán (Mt 3,13) y, después de su Resurrección, confiere esta misión a sus Apóstoles : “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado.”» (Mt 28, 19-20; Mc 16, 15-16) (CIC 1223).

Toda la Historia de la Revelación conduce hasta la pila bautismal, cuando el sacerdote derrama el agua diciendo:

«N., yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo»

La Iglesia enseña que es Cristo quien bautiza, aunque actúa por medio del ministro, que es el instrumento visible de Su acción. No es ficción. Es sacramento.


5. LA FE: UN REGALO QUE NECESITA CRECER

Aquí aparece una cuestión decisiva, si el niño todavía no puede creer, ¿por qué lo bautizamos? Porque la fe comienza siempre como un don.

«El Bautismo es el sacramento de la fe. Pero la fe tiene necesidad de la comunidad de creyentes. (…) La fe que se requiere para el Bautismo no es una fe perfecta y madura, sino un comienzo que está llamado a desarrollarse» (CIC 1253), por eso la Iglesia pregunta a los padres y padrinos si están dispuestos a educar al niño en ella.

Es una imagen preciosa: durante unos años prestaréis vuestra voz a vuestro hijo, más adelante será él quien responda personalmente.


6. ¿PADRES O PADRINOS?

Según la disciplina de la Iglesia Católica, la catequesis prebautismal debe recibirla principalmente el padre y la madre del niño, y también conviene que participen el padrino y la madrina. En la práctica, lo normal es que se invite a los cuatro.

¿Qué es lo que dice concretamente la Iglesia Católica? El Código de Derecho Canónico, canon 851, 2º, establece:

«Los padres del niño que va a ser bautizado, y asimismo quienes van a asumir la función de padrino, han de ser convenientemente instruidos sobre el significado de este sacramento y las obligaciones que lleva consigo»

¿Por qué los cuatro? Los padres son los primeros responsables de educar al hijo en la fe (CIC 1253-1255). Los padrinos no son una figura simbólica; tienen la misión de ayudar a los padres para que el bautizado viva como cristiano (CIC 1255).

Por ello la elección de los padrinos no debe realizarse por amistad o compromiso familiar, el padrino debería ser un católico practicante –como los padres– capaz de acompañar al ahijado en su crecimiento cristiano, no sustituye a los padres, camina junto a ellos. Y quizás llegue un día en que ese niño –o adulto– necesite precisamente ese apoyo.


7. DEBERES Y COMPROMISOS DE PADRES Y PADRINOS

La Iglesia atribuye a los padres una responsabilidad mucho más amplia que a los padrinos: son los primeros y principales educadores de sus hijos en la fe. Estos deberes aparecen en el Catecismo de la Iglesia Católica (1253, 1255, 2221-2231), en el Código de Derecho Canónico (canon 226, 2 y 774, 2) y también en el Ritual del Bautismo: «¿Sois conscientes de la responsabilidad que contraéis de educarlo en la fe?»

Así pues, los padres se comprometen a:

  • Pedir el Bautismo con fe y responsabilidad.
  • Educar al hijo en la fe católica.
  • Enseñarle a rezar.
  • Darle ejemplo de vida cristiana.
  • Llevarlo a Misa y a la vida de la Iglesia.
  • Prepararlo para la Confesión, la Eucaristía y la Confirmación.
  • Ayudarle a descubrir y vivir su vocación cristiana.

Los Padres de la Iglesia denominaban a los padrinos con los términos «sponsor» o «fideiussor» –aunque realmente provienen del derecho romano adoptado por la tradición canónica y patrística (San Agustín, Tertuliano)–, es decir, el que responde por la fe del bautizado y se compromete a acompañarlo. Por lo tanto, los deberes de los padrinos para con su ahijado son:

  • Acompañarlo en el crecimiento de la fe.
  • Dar ejemplo de vida cristiana.
  • Ayudar a los padres en la educación católica de su ahijado.
  • Animarle, cuando llegue el momento, a recibir los sacramentos de la confesión, confirmación y eucaristía.
  • Y todo lo que contribuya a ayudar al ahijado a caminar por la senda de la santidad.


8. LA PRIMERA CATEQUESIS EMPIEZA EN CASA

Muchos padres preguntan cuál es la mejor manera de transmitir la fe. La respuesta suele sorprender por su sencillez, los niños aprenden primero observando: miran cómo tratáis a los abuelos, cómo rezáis, cómo vivís el domingo, cómo os amáis y amáis al prójimo… La primera Biblia que tus hijos leerán será vuestra propia vida.

Pero para facilitaros las cosas podemos daros una pequeña lista de sugerencias, y aunque el niño no sea consciente de algunas de ellas, su alma sí las recibe. Por ejemplo, antes del Bautismo podéis comenzar con gestos muy sencillos:

  • Hacer la señal de la cruz sobre vuestro hijo antes de dormir.
  • Dar gracias a Dios delante de él por las cosas pequeñas.
  • Entrar alguna vez en la Iglesia con él, aunque todavía sea un bebé.
  • Orar en su presencia, despierto o dormido.
  • Colocar imágenes de Jesús, María y los santos tanto en las paredes de su dormitorio como en toda la casa.

Puede parecer poco, pero la fe siempre crece a partir de pequeños gestos repetidos con amor.


9. PARA MEDITAR

Termino con una pregunta que merece ser guardada en el corazón, como hacía María: «Su madre conservaba todo esto en su corazón» (Lc 2,51); cuando vuestro hijo vea dentro de unos años las fotografías de su Bautismo y pregunte:

—«Papá, mamá, ¿qué pasó ese día?», ¿qué le responderéis? Ojalá podáis decirle:

—«Ese día no sólo el sacerdote derramó agua sobre tu cabeza, ese día Dios te llamó por tu nombre, te hizo hijo suyo y comenzó contigo una historia que todavía hoy seguimos viviendo juntos.»


10. PRÓXIMA ENTRADA

En la siguiente catequesis descubriremos el significado de cada gesto del rito bautismal: por qué el Bautismo comienza en la puerta de la iglesia, qué significan la cruz en la frente, el óleo, el agua, la vestidura blanca y el cirio pascual, y cómo cada uno de esos signos anuncia una realidad invisible que Dios realiza en el bautizado.


11. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1. Magisterio de la Iglesia

  • Catecismo de la Iglesia Católica (CIC)
    • nn. 1131: Definición teológica de sacramento (signo eficaz de la gracia).
    • nn. 1213: El Bautismo como fundamento de la vida cristiana y puerta de acceso a los demás sacramentos.
    • nn. 1253–1255: La fe como don que necesita crecer, el papel de la Iglesia y la responsabilidad compartida de padres y padrinos.
    • nn. 2221–2231: Los deberes educativos de los padres en la fe y en las virtudes cristianas.
2. Derecho Canónico
  • Código de Derecho Canónico (CDC)
    • Canon 226, § 2: Obligación gravísima y derecho de los padres a educar a sus hijos en la fe católica.
    • Canon 774, § 2: Deber específico de los padres en la formación catequética de los hijos.
    • Canon 851, 2º: Obligatoriedad de la catequesis prebautismal para los padres y padrinos.
3. Sagrada Escritura
  • Jeremías 1, 5: «Antes de formarte en el vientre te conocía».
  • Génesis 1, 2: El Espíritu de Dios se cernía sobre las aguas.
  • Evangelio según San Juan 3, 5: «El que no nazca del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios» (Diálogo con Nicodemo).
  • Evangelio según San Mateo 3, 13; 28, 19–20 / San Marcos 16, 15–16: El Bautismo del Señor y la Gran Comisión a los Apóstoles.
  • Evangelio según San Lucas 2, 51: María conservaba todas estas cosas en su corazón.
  • Primera Carta de San Pedro 3, 20: El Arca de Noé y la salvación a través del agua como prefiguración.
4. Tradición Patrística y Canonista
  • Tertuliano (De Baptismo) y San Agustín (De Baptismo contra Donatistas): Antecedentes de la figura jurídica y pastoral del sponsor y fideiussor (el que responde por la fe del bautizado).




Presentación I

 Queridos padres y padrinos:

Pedir el Bautismo para un niño es un acto de amor y de fe. Con este gesto no solo le estáis abriendo las puertas de la Iglesia, sino regalándole la condición de hijo de Dios para toda la eternidad.

Conscientes de que los preparativos externos suelen consumir mucho tiempo y atención, queremos ofreceros este pequeño espacio de serenidad y formación. A través de dos catequesis sencillas pero profundas, os proponemos detener el ritmo y reflexionar juntos:

  • En la primera parte, repasaremos qué es un sacramento, cuáles son los grandes regalos que recibe el bautizado y cómo podéis empezar a transmitir la fe en la vida cotidiana de vuestro hogar.

  • En la segunda parte, os guiaremos paso a paso por toda la liturgia del rito bautismal para que el día de la celebración podáis vivir cada oración y cada signo con pleno conocimiento y devoción.

Esperamos que este material os sirva para preparar el corazón ante el gran regalo que vais a recibir.