martes, 12 de mayo de 2020

6. Resurrección de Cristo

Sevilla, 20 de enero de 2020

1. Pero..., ¿Jesús murió realmente?

Jesús fue crucificado, padeció –con terrible sufrimiento: físico y moral–, murió y fue sepultado. 
Como hemos visto en entradas anteriores, Jesús profetizó en varias ocasiones su resurrección y, cono veremos enseguida, para resucitar antes tenía que morir literalmente. 
Ante este crítico y doloroso momento de la muerte de Jesús, estuvo un testigo de primera magnitud, quien fuese años más tarde el autor del cuarto evangelio, Juan el hijo de Zebedeo y hermano de Santiago el Mayor, San Juan Evangelista. 

2. ¿Qué significa «resucitar»? 

Es un término que tiene una doble procedencia: anástasis (griego) = sacar, levantar; resurrectio (latín) = Resurgir.
El significado cristiano de «resucitar» es «volver a la vida después de la muerte por la gracia del Padre». 
Jesús resucitó al tercer día de su muerte, según Él mismo había profetizado: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Los judíos replicaron: “Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?”. Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y creyeron a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús». (Jn 19,22). 
Recordemos que Jesús murió a la hora nona –aproximadamente a las 15:00– del un viernes de Pascua, y en ese mismo día fue enterrado en un sepulcro propiedad de José de Arimatea [primer día], pasó todo el día del sábado [segundo día], y resucitó con las primeras luces del domingo [tercer día]: «…al amanecer, cuando aún estaba oscuro». (Jn 20,1) 

3. ¿Qué pasó después de ser sepultado? 

El credo de los apóstoles nos dice que: «…fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos…». Es decir, que entre su muerte y su resurrección, Jesús hizo una visita ¿a los infiernos?... Veamos realmente el «lugar» a donde descendió Jesús después de su muerte. 
Desde la clausura de las puertas del Paraíso por la comisión del pecado original, nadie podía entrar en él hasta que el Salvador del mundo, el Mesías, el Redentor diera su vida en pago por la «nota de cargo» de los pecados de la humanidad. Por lo tanto, las almas justas debían esperar este momento para poder entrar al Reino Celestial. 
Según la tradición hebrea, estas almas esperaban en la «morada de los muertos» o Seol. Por lo tanto, Jesucristo bajó a la morada donde las almas de los justos esperaban desde Adán la llegada del Redentor. 
Hay que distinguir, por tanto, entre Infierno y Seol/Hades: Infernum (latín) = lugar inferior/privación eterna de Dios a las almas después de muertas que no se arrepienten de sus pecados; Seol (hebreo), Hades (griego) = morada de los muertos. 
Así fue la liberación de las almas santas en cortejo triunfal, abriendo las puertas del Cielo –cerradas desde la expulsión de Adán y Eva–, para retornar al Reino de Dios. 

4. ¿Es importante la Resurrección de Jesús para los cristianos? 

La Resurrección de Jesús para nosotros es más que importante, es CRUCIAL: «Si Cristo no ha resucitado vana es nuestra predicación y vana nuestra fe» (1Co 15,14). 
Sin embargo, para los primeros discípulos de Jesús no fue fácil creer en la Resurrección de su Maestro. Recordemos que después de la muerte de Jesús y de su sepultura, los discípulos estaban aterrorizados ante una perspectiva de futuro tan oscura e incierta, por lo que se escondieron movidos por su desolación y desesperanza al haber perdido a su Maestro. 
Sin embargo, un rayo de luz comenzó a abrir los corazones de los apóstoles, cuando María Magdalena los busca y les anuncia que acaba de ver a Jesús. Ante la incredulidad de la mayoría, Pedro y Juan salen corriendo hacia el sepulcro donde había sido enterrado y al llegar vieron que el cuerpo de su Maestro no estaba y Juan, en ese momento: «Vio y creyó». (Jn 20,8b) 
A partir de ese momento, comienzan las apariciones de Jesús a sus apóstoles, la primera en ausencia de Tomás; en otra ocasión con Tomás presente –pues cuando le dijeron sus compañeros lo que había pasado no creyó–, cuando Jesús pide a Tomás que metiera sus dedos en sus llagas, fue cuando el más incrédulo de los apóstoles cayó de rodillas proclamando: «Señor mío, Dios mío» (Jn 20,24-29); y la tercera y última aparición del Señor a los apóstoles en el lago Tiberíades, antes de su Ascensión a los Cielos. 

5. ¿Hay pruebas de la Resurrección de Jesucristo? 

No existen pruebas empíricas según las ciencias positivistas. Estamos ante un hecho histórico y trascendente, con multitud de testimonios individuales y colectivos de las apariciones del Resucitado en Jerusalén durante los 40 días posteriores a su resurrección. 
Veinte años después de estos hechos, Pablo en su carta a los Corintios dice: «Porque yo os transmití en primer lugar lo que también yo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras; y que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; y que se apareció a Cefas (Pedro) y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales vive todavía, otros han muerto; después se apareció a Santiago, más tarde a todos los apóstoles». (1Co 15.3-7)
La multitud de encuentros con Jesús Resucitado culminaron con la Ascensión de Nuestro Señor a los Cielos, con la promesa de estar con nosotros hasta el final de los tiempos. 

6. ¿Cómo es el Cuerpo de Cristo después de su Resurrección? 

Según las Sagradas Escrituras, Jesús Resucitado se dejó tocar por sus discípulos –Tomás metió sus dedos en las llagas de nuestro Señor–; comió con ellos en el lago de Tiberíades; aparecía y desaparecía; atravesaba puertas cerradas; a veces no le reconocían –como María Magadalena a la entrada del sepulcro vacío–...
Se trata de un Cuerpo Glorioso que lleva las heridas de la crucifixión, no es un cuerpo para retornar a la vida terrenal, sino la entrada en un nueva forma de vivir: «Pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, la muerte ya no tiene dominio sobre Él». (Rom 6,9) 

7. ¿Qué trascendencia tiene para la humanidad la Resurrección de Jesucristo? 

Es la demostración de que con la muerte no se acaba la vida. Es la alegría y esperanza de una vida eterna. 
Si la muerte «no tiene dominio sobre Jesús», tampoco la tiene para los que creemos en Él. 

8. ¿Qué quiere decir que Jesús ha ascendido a los cielos? 

Cuarenta días después su muerte, y de haber dado muestras de su Resurrección hasta la saciedad, Jesús ascendió a los Cielos: «Después de hablarles, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios». (Mc 16,19) 
Por la naturaleza humana de Jesús, podemos exclamar que ¡¡«uno de nosotros» ha subido al cielo, ha llegado junto a Dios, es nuestro intercesor ante Él y permanecerá allí para siempre!! 
Jesucristo está ahora junto al Padre, desde donde vendrá un día a juzgar a los vivos y a los muertos. 
La Ascensión significa que Jesús ya no está en la tierra de forma visible, aunque está presente y está aquí: «Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos». (Mt 18,19-20) 

9. La Resurrección de Cristo como modelo para la resurrección de las almas 

Con Su Resurrección, Jesús anticipa nuestra resurrección. 
Nosotros resucitaremos con Él. 
Jesucristo nos precede en el Reino del Padre, donde viviremos con Él eternamente. 

10. Y volverá con gloria para juzgar a los vivos y a los muertos 

Las conmociones dramáticas presentes en los evangelios (Mateo y Lucas) y, especialmente en el Apocalipsis de San Juan, marcan el fin de los tiempos. 
Todo ello culminará con la victoria definitiva de Dios sobre el mal. 
El Juicio Final, según el criterio de lo que es la vida de Jesús, saldrá a la luz la verdad completa de todos los hombres, de todas las cosas y de todos los pensamientos y acontecimiento «…, y su reino no tendrá fin». (Lc 1,31-33) 

11. Reflexión YOUCAT 

«El acontecimiento de la Muerte y Resurrección de Cristo es el corazón del cristianismo, el punto central que sostiene nuestra fe, el impulso poderoso de nuestra certeza, el viento fuerte que aleja todo miedo y toda inseguridad, toda duda y todo cálculo humano.» 
BENEDICTO XVI 
19.10.2006 

12. Lecturas complementarias 

- SANTA BIBLIA: Hch 2,24; Hch 3,15; Hb 2,14; Mc 16,1; Lc 24,1
- COMPENDIO DEL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA: 125-135
- YOUCAT: 104-112




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