miércoles, 20 de mayo de 2020

5. Pasión y muerte de Cristo

Sevilla, 14 de enero de 2020

1. Transfiguración en el Monte Tabor

Antes de abordar el tiempo de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo, hemos de meditar sobre un acontecimiento fundamental para que sus discípulos llegaran a comprender el significado de los últimos momentos de la vida de Jesús y su posterior resurrección. Me refiero al episodio del Monte Tabor en presencia de Pedro, Juan y Santiago.
Este hecho de la vida de Jesús es narrado por los tres evangelios sinópticos –es decir, que presentan una misma perspectiva de la vida y predicación de Jesús–, a saber: Mateo, Marcos y Lucas. Sin embargo, como los tres son muy similares, vamos a transcribir únicamente el de Mateo que es el más completo –para más información ver Mc 9,2-10 y Lc 9,28-36– y dice así:
«Seis días más tarde, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: "Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías". Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía: "Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo". Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: "Levantaos, no temáis". Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó: "No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos".» (Mt 17,1-9)
Esta experiencia vivida por Pedro, Juan y Santiago va a ser crucial para fortalecer su fe y su esperanza –y la de sus compañeros–, ayudándolos a soportar y comprender la muerte y, sobre todo, la Resurrección de Jesucristo, Nuestro Señor.

2. ¿Qué entendemos por la Pasión de Cristo?

(Lat. passio=dolor, enfermedad)
En términos cristianos, la Pasión de Cristo es todo el proceso de sufrimiento moral y físico que sufrió Jesús desde el huerto de Getsemaní hasta la crucifixión en el monte Calvario. No obstante, hay autores que consideran que Jesús sufrió la Pasión a lo largo de toda su vida.

3. Jesús anuncia su propia Pasión y muerte

Jesús anunció a sus discípulos, en varias ocasiones, su Pasión y Muerte:
«Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día». (Mt 16, 21)
«El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres, lo matarán, pero resucitará al tercer día». (Mt 17,22-23)
«Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará». (Mt 20,18-19)

Además de las citas del inicio del texto en el Monte Tabor, en los evangelios de Mateo y Marcos.
A pesar de estos anuncios, los discípulos de Jesús no entendían –o no querían entender– sus palabras, pues tenían sus propias ideas de cómo iba a acabar aquello, en cualquier caso nada parecido a lo que Jesús les anunciaba y a lo que finalmente ocurrió.

4. Última Cena (noche del Jueves Santo)

Al igual que la Transfiguración en el Monte Tabor preparó a los apóstoles para los acontecimientos después de la Muerte de Jesús, no podemos pasar por alto los momentos justamente anteriores al comienzo de los momentos de la Pasión, me refiero a la Última Cena –celebración de la cena de Pascua–, pues en ella suceden una serie de eventos que marcarán el devenir de la Iglesia en ciernes (ver Mt 26,17-19; Mc 14,12-15 y Lc 22,7-13).
Los judíos celebran la liberación de Israel del yugo egipcio mediante su fiesta de Pascua – comienza el 15 de Nisan y dura 8 días, lo que en el calendario gregoriano equivale al inicio de la primavera–.
«El primer día de los Ácimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: "¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?". Él contestó: "Id a la ciudad, a casa de quien vosotros sabéis, y decidle: El Maestro dice: mi hora está cerca; voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”» (Mt 26, 17-19).
Una vez reunidos para celebrar la cena de Pascua, Jesús sorprende con un gesto de humildad y de grandeza, al mismo tiempo, el llamado «lavatorio de pies»: «y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido» (Jn 13,3-5). Más adelante Jesús les pregunta: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis. En verdad, en verdad os digo: el criado no es más que su amo, ni el enviado es más que el que lo envía» (Jn 13,12-16). 
Con esta nueva enseñanza Jesús nos está diciendo con su ejemplo que si el Hijo de Dios puede ser servicial y humilde lavando los pies a sus discípulos, los seres humanos también somos capaces de hacerlo guiados por el amor.
Es tradición en la Pascua judía el sacrificio de un cordero pascual, es decir, exento de toda mancha. Sin embargo, Jesús, en ésta su última cena, instituye el sacramento de la Eucaristía pues anticipa su propia inmolación pues Él es el verdadero cordero Pascual que quita el pecado del mundo. Con esta inmolación establece la reconciliación definitiva entre Dios y el hombre, su Alianza Eterna: «Mientras comían, Jesús tomó pan y, después de pronunciar la bendición, lo partió, lo dio a los discípulos y les dijo: "Tomad, comed: esto es mi cuerpo". Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias y dijo: "Bebed todos; porque esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados."» (Mt 26,26-28) 
Asimismo, durante el transcurso de la cena, Jesús instituye el sacramento del orden sacerdotal cuando pide a sus discípulos: «Haced esto en memoria mía». (Lc 22,19)

5. Acontecimientos de la Pasión

Todo este proceso de la Pasión contiene una serie de acontecimientos que han de ser motivo de meditación permanente de todo cristiano para profundizar en estos misterios insondables, bien mediante oraciones que los contienen –Misterios Dolorosos del Santo Rosario y el Via Crucis–, bien recreándolos en nuestra imaginación. 
Los principales momentos de la Pasión son los siguientes: 
  • La oración en el huerto de Getsemaní
  • El prendimiento por la guardia del Sanedrín precedido de la traición de Judas
  • El juicio en el Sanedrín, donde se condena a muerte a Jesús por el sumo sacerdote Caifás y la mayoría de sus miembros
  • La presentación de Jesús ante el gobernador romano Poncio Pilato
  • El intento por parte de Pilato de quitarse de encima la «embarazosa» situación mandando a Jesús a que lo juzgara Herodes –pues era galileo y Galilea era jurisdicción de Herodes–.
  • El regreso de vuelta a Pilatos al no haberle encontrado culpa alguna.
  • La flagelación
  • La coronación de espinas
  • La condena a muerte en la cruz
  • La subida al Calvario cargando con la cruz
  • La crucifixión y muerte de Cristo.
Posteriormente a la Muerte de nuestro Señor, podemos hacernos una idea de la desolación de su Madre la Santísima Virgen María, la de las mujeres que la acompañaban y la de Juan, el discípulo amado. ¿Cómo iban a bajar a Jesús clavado en la cruz?, pues estaban solos, sus otros discípulos y seguidores habían huido... Pues bien, de nuevo la Providencia Divina hace que alguien se compadezca de ellos ofreciéndoles su servicio. Es el caso de José de Arimatea, fariseo, miembro del Sanedrín y discípulo oculto de Jesús, que pidió permiso oficial a Pilatos para bajarlo de la cruz, lavarlo con aceites y esencias, envolverlo en un lienzo y llevarlo a una sepultura de su propiedad, excavada en la roca, que nunca había sido usada. 
Por último, como el Sanedrín conocía perfectamente las enseñanzas de Jesús, temían que sus seguidores, durante la noche, abrieran la sepultura y se llevaran el cuerpo de su Maestro para luego proclamar que había resucitado. Por este motivo, solicitan a Pilato el sellamiento de la piedra que cerraba el sepulcro, además de pedirle un cuerpo de guardia a la entrada del mismo para su custodia. 
Sin embargo, todas estas «precauciones» no fueron obstáculo para que la Gloria de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo se produjera al amanecer del tercer día, como el mismo Jesús había profetizado.

6. Reflexiones sobre la Pasión de Cristo

Este fascinante relato, debido a su extraordinaria trascendencia, puede suscitar en el lector preguntas debido a algunos hechos que pueden parecer contradictorios. Veamos algunas de estas posibles interrogantes:
¿POR QUÉ PERMITIÓ DIOS LA MUERTE DE SU PROPIO Y AMADO HIJO?
Por Amor hacia nosotros. Para la redención de nuestros pecados. Para nuestra salvación, pues hubiera sido imposible conseguirla por nuestros propios medios.
¿POR QUÉ POR MUERTE DE CRUZ?
La muerte en la cruz era –y sigue siendo en algunos países orientales– una ejecución y tortura de máxima humillación y abandono (muerte lenta, cruel, horrible y pública). Dios elige esta muerte ignominiosa como símbolo del sacrificio supremo de amor por los demás y para enseñar que el camino del cristiano es un camino de cruz: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.» (Mt 16,24).
¿CUÁL ES EL SENTIDO DEL DOLOR?
El cristiano no busca el dolor, pero cuando se enfrenta a él, éste cobra sentido si se une ese dolor al de Cristo: «Cristo padeció por vosotros, dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas». (1Pe 2,21)
«Los cristianos tenemos el deber de mitigar el dolor de los demás en el mundo y aceptar de buen grado el propio. De esta manera, el dolor humano se hace uno con el amor del Redentor surgiendo de ello una fuerza divina que transforma el mundo hacia el bien». (99, YOUCAT)
¿QUIÉNES FUERON LOS CULPABLES DE LA MUERTE DE CRISTO?
La respuesta fácil a esta pregunta, naturalmente, sería: los judíos. Pero, ¿de verdad creemos que los judíos fueron los culpables de la muerte de nuestro Señor Jesucristo? La verdadera realidad es que todos nosotros –la humanidad pasada, presente y futura– somos culpables de la Pasión y muerte de Jesucristo, pues fue el pago, la cancelación de la nota de cargo al Padre por nuestros pecados –pasados, presentes y futuros–.

7. Reflexión YOUCAT

«Dios no ha venido a impedir el dolor. Ni siquiera ha venido para explicarlo, sino que ha venido a llenarlo con su presencia.»
PAUL CLAUDEL 

(1868-1955) 
Dramaturgo, poeta y ensayista francés

8. Lecturas complementarias

  • SANTA BIBLIA: Mt 17,5; 16,21; 17,22-23; 20,18-19; 26,17-19; 26,26-28; Lc 9,28-36; 22,7-13; 22,15-20; Mc 9,2-10; 14,12-15; Jn 13,3-5.
  • COMPENDIO DE LA IGLESIA CATÓLICA: 112-124
  • YOUCAT: 93-103

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