CATEQUESIS PROPEDÉUTICAS AL SACRAMENTO DEL BAUTISMO (1)
Formación prebautismal para padres y padrinos
«Antes de formarte en el vientre te conocía» (Jer 1,5)
1. EL BAUTISMO: EL MAYOR REGALO QUE PUEDES HACER A TU HIJO
Hay regalos que duran unos meses. Otros acompañan toda la vida. Y hay uno que trasciende incluso la muerte: el Bautismo.
Muchos padres llegan a la parroquia con una sencilla solicitud: «Queremos bautizar a nuestro hijo». Tras esa petición hay motivos muy diversos. Algunos hablan de tradición familiar; otros recuerdan el deseo de los abuelos; otros simplemente quieren «lo mejor» para su hijo…
La Iglesia acoge esas motivaciones con respeto, pero propone una pregunta más profunda: ¿sabemos realmente qué ocurre cuando un niño es bautizado? El Bautismo no es una ceremonia para poner un bonito recuerdo en el álbum familiar. Es el comienzo de una historia nueva entre Dios y ese niño.
2. EL BAUTISMO ES, ANTE TODO, UN SACRAMENTO
Antes de hablar del Bautismo conviene detenernos en un palabra que los católicos usamos con frecuencia, pero que quizás no siempre comprendemos en toda su integridad: sacramento.
¿Qué es un sacramento? El Catecismo de la Iglesia Católica lo define como un «signo eficaz de la gracia, instituido por Cristo y confiado a la Iglesia, por el cual nos es dispensada la vida divina» (CIC 1131). Es una definición muy rica y merece la pena desgranarla brevemente.
Un sacramento es, ante todo, un signo visible. Dios conoce nuestra condición humana y sabe que aprendemos a través de los sentidos. El agua limpia, el aceite cura, la luz ilumina, el pan alimenta… Por eso toma realidades sencillas de la vida cotidiana y las convierte en instrumentos de su gracia.
El Señor dejó instituidos siete sacramentos, los tres primeros constituyen los sacramentos de la iniciación cristiana: Bautismo –nos hace nacer a la vida de Dios–, Confirmación –nos fortalece con el Espíritu Santo–, Eucaristía –alimenta nuestra unión con Cristo–, Penitencia –nos reconcilia con Dios–, Unción de enfermos –nos sostiene en la enfermedad–, Orden sacerdotal –configura a los llamados para servir al pueblo de Dios–, y Matrimonio –santifica el amor entre los esposos–.
No son ritos aislados, sino un verdadero itinerario de gracia que acompaña toda la vida del creyente.
Entre todos ellos, el Bautismo ocupa un lugar único. El Catecismo llama al santo Bautismo «el fundamento de toda la vida cristiana», «pórtico de la vida en el espíritu» y «la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos» (CIC 1213). Sin él no pueden recibirse los demás sacramentos, porque es el que nos incorpora a Cristo y a su Iglesia.
Jesús lo explicó con palabras sorprendentes cuando habló con Nicodemo:
«El que no nazca del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. (Jn 3,5)
Nicodemo no entendía cómo podía alguien nacer dos veces. Nosotros tampoco lo entenderíamos si pensáramos sólo en el nacimiento físico. Pero Jesús habla de otro nacimiento: el primero nos lo dan nuestros padres, el segundo nos lo regala Dios.
Comprender esto cambia nuestra manera de mirar la celebración. No acudimos simplemente a una ceremonia emotiva o a una tradición familiar. Nos acercamos al momento en que Dios abre para un niño la puerta de la existencia completamente nueva, una vida que comienza en esta tierra y está llamada a culminar en la eternidad.
3. LOS CUATRO GRANDES REGALOS DEL BAUTISMO
- Nos hace hijos de Dios. Este es el regalo más grande. No significa que antes Dios no quisiera al niño. Significa que ahora participa de una manera completamente nueva en la vida misma de Dios. Desde ese momento puede llamar a Dios «Padre» con pleno derecho. No es una metáfora. Es una realidad sobrenatural.
- Nos libera del pecado. Aquí conviene aclarar una duda frecuente. Muchos preguntan: «¿Qué pecado tiene un bebé?» Ninguno personal. La Iglesia no bautiza porque el niño haya hecho algo malo. Lo bautiza para introducirlo plenamente en la vida de Cristo y liberarlo de la condición humana herida por el pecado original. El Bautismo borra el pecado original y restituye la gracia, aunque permanezca la inclinación al pecado (concupiscencia), inaugurando así una existencia reconciliada con Dios.
- Recibimos el Espíritu Santo. Cuando Jesús salió del Jordán, el Espíritu descendió sobre Él. Ese mismo Espíritu es derramado sobre el bautizado. No se trata de una energía impersonal. Es la tercera Persona de la Trinidad, que comienza a habitar en el alma del cristiano.
- Entramos en una familia nueva. La concepción y nacimiento de un hijo van acompañados de un sentido de acogida en el seno de la familia –padre, madre, hermanos, abuelos…–. El Bautismo ofrece la posibilidad de pertenecer a una familia extraordinariamente grande, la familia de la Iglesia, pero no sólo la de la Iglesia militante/peregrina/, sino también la purgante/purificante y la triunfante/gloriosa. No entra, simplemente, a formar parte de la vida en una parroquia, es reconocido como miembro de pleno derecho del Pueblo de Dios.
4. SIGNO SENSIBLE DEL BAUTISMO: EL AGUA
El agua aparece constantemente en la Biblia. No es casualidad. Dios fue prefigurando durante siglos el significado del Bautismo.
- En la creación, «el Espíritu de Dios se cernía sobre las aguas» (Gen 1,2).
- En el Diluvio, el Arca de Noé: «unos pocos, es decir, ocho personas, fueron salvados a través del agua» (1P 3,20).
- En el paso del Mar Rojo, «verdadera liberación de Israel de la esclavitud de Egipto, es el que anuncia la liberación obrada por el Bautismo» (CIC 1221).
- En el paso del Jordán, donde el Bautismo vuelve a ser prefigurado, pues «el pueblo de Dios recibe el don de la tierra prometida a la descendencia de Abraham, imagen de la vida eterna» (CIC 1222).
- «Todas las prefiguraciones de la Antigua Alianza culminan en Cristo Jesús. Comienza su vida pública después de hacerse bautizar por san Juan el Bautista en el Jordán (Mt 3,13) y, después de su Resurrección, confiere esta misión a sus Apóstoles : “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado.”» (Mt 28, 19-20; Mc 16, 15-16) (CIC 1223).
Toda la Historia de la Revelación conduce hasta la pila bautismal, cuando el sacerdote derrama el agua diciendo:
«N., yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo»
La Iglesia enseña que es Cristo quien bautiza, aunque actúa por medio del ministro, que es el instrumento visible de Su acción. No es ficción. Es sacramento.
5. LA FE: UN REGALO QUE NECESITA CRECER
Aquí aparece una cuestión decisiva, si el niño todavía no puede creer, ¿por qué lo bautizamos? Porque la fe comienza siempre como un don.
«El Bautismo es el sacramento de la fe. Pero la fe tiene necesidad de la comunidad de creyentes. (…) La fe que se requiere para el Bautismo no es una fe perfecta y madura, sino un comienzo que está llamado a desarrollarse» (CIC 1253), por eso la Iglesia pregunta a los padres y padrinos si están dispuestos a educar al niño en ella.
Es una imagen preciosa: durante unos años prestaréis vuestra voz a vuestro hijo, más adelante será él quien responda personalmente.
6. ¿PADRES O PADRINOS?
Según la disciplina de la Iglesia Católica, la catequesis prebautismal debe recibirla principalmente el padre y la madre del niño, y también conviene que participen el padrino y la madrina. En la práctica, lo normal es que se invite a los cuatro.
¿Qué es lo que dice concretamente la Iglesia Católica? El Código de Derecho Canónico, canon 851, 2º, establece:
«Los padres del niño que va a ser bautizado, y asimismo quienes van a asumir la función de padrino, han de ser convenientemente instruidos sobre el significado de este sacramento y las obligaciones que lleva consigo»
¿Por qué los cuatro? Los padres son los primeros responsables de educar al hijo en la fe (CIC 1253-1255). Los padrinos no son una figura simbólica; tienen la misión de ayudar a los padres para que el bautizado viva como cristiano (CIC 1255).
Por ello la elección de los padrinos no debe realizarse por amistad o compromiso familiar, el padrino debería ser un católico practicante –como los padres– capaz de acompañar al ahijado en su crecimiento cristiano, no sustituye a los padres, camina junto a ellos. Y quizás llegue un día en que ese niño –o adulto– necesite precisamente ese apoyo.
7. DEBERES Y COMPROMISOS DE PADRES Y PADRINOS
La Iglesia atribuye a los padres una responsabilidad mucho más amplia que a los padrinos: son los primeros y principales educadores de sus hijos en la fe. Estos deberes aparecen en el Catecismo de la Iglesia Católica (1253, 1255, 2221-2231), en el Código de Derecho Canónico (canon 226, 2 y 774, 2) y también en el Ritual del Bautismo: «¿Sois conscientes de la responsabilidad que contraéis de educarlo en la fe?»
Así pues, los padres se comprometen a:
- Pedir el Bautismo con fe y responsabilidad.
- Educar al hijo en la fe católica.
- Enseñarle a rezar.
- Darle ejemplo de vida cristiana.
- Llevarlo a Misa y a la vida de la Iglesia.
- Prepararlo para la Confesión, la Eucaristía y la Confirmación.
- Ayudarle a descubrir y vivir su vocación cristiana.
Los Padres de la Iglesia denominaban a los padrinos con los términos «sponsor» o «fideiussor» –aunque realmente provienen del derecho romano adoptado por la tradición canónica y patrística (San Agustín, Tertuliano)–, es decir, el que responde por la fe del bautizado y se compromete a acompañarlo. Por lo tanto, los deberes de los padrinos para con su ahijado son:
- Acompañarlo en el crecimiento de la fe.
- Dar ejemplo de vida cristiana.
- Ayudar a los padres en la educación católica de su ahijado.
- Animarle, cuando llegue el momento, a recibir los sacramentos de la confesión, confirmación y eucaristía.
- Y todo lo que contribuya a ayudar al ahijado a caminar por la senda de la santidad.
8. LA PRIMERA CATEQUESIS EMPIEZA EN CASA
Muchos padres preguntan cuál es la mejor manera de transmitir la fe. La respuesta suele sorprender por su sencillez, los niños aprenden primero observando: miran cómo tratáis a los abuelos, cómo rezáis, cómo vivís el domingo, cómo os amáis y amáis al prójimo… La primera Biblia que tus hijos leerán será vuestra propia vida.
Pero para facilitaros las cosas podemos daros una pequeña lista de sugerencias, y aunque el niño no sea consciente de algunas de ellas, su alma sí las recibe. Por ejemplo, antes del Bautismo podéis comenzar con gestos muy sencillos:
- Hacer la señal de la cruz sobre vuestro hijo antes de dormir.
- Dar gracias a Dios delante de él por las cosas pequeñas.
- Entrar alguna vez en la Iglesia con él, aunque todavía sea un bebé.
- Orar en su presencia, despierto o dormido.
- Colocar imágenes de Jesús, María y los santos tanto en las paredes de su dormitorio como en toda la casa.
- …
Puede parecer poco, pero la fe siempre crece a partir de pequeños gestos repetidos con amor.
9. PARA MEDITAR
Termino con una pregunta que merece ser guardada en el corazón, como hacía María: «Su madre conservaba todo esto en su corazón» (Lc 2,51); cuando vuestro hijo vea dentro de unos años las fotografías de su Bautismo y pregunte:
—«Papá, mamá, ¿qué pasó ese día?», ¿qué le responderéis? Ojalá podáis decirle:
—«Ese día no sólo el sacerdote derramó agua sobre tu cabeza, ese día Dios te llamó por tu nombre, te hizo hijo suyo y comenzó contigo una historia que todavía hoy seguimos viviendo juntos.»
10. PRÓXIMA ENTRADA
En la siguiente catequesis descubriremos el significado de cada gesto del rito bautismal: por qué el Bautismo comienza en la puerta de la iglesia, qué significan la cruz en la frente, el óleo, el agua, la vestidura blanca y el cirio pascual, y cómo cada uno de esos signos anuncia una realidad invisible que Dios realiza en el bautizado.
11. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
1. Magisterio de la Iglesia
- Catecismo de la Iglesia Católica (CIC)
- nn. 1131: Definición teológica de sacramento (signo eficaz de la gracia).
- nn. 1213: El Bautismo como fundamento de la vida cristiana y puerta de acceso a los demás sacramentos.
- nn. 1253–1255: La fe como don que necesita crecer, el papel de la Iglesia y la responsabilidad compartida de padres y padrinos.
- nn. 2221–2231: Los deberes educativos de los padres en la fe y en las virtudes cristianas.
- Código de Derecho Canónico (CDC)
- Canon 226, § 2: Obligación gravísima y derecho de los padres a educar a sus hijos en la fe católica.
- Canon 774, § 2: Deber específico de los padres en la formación catequética de los hijos.
- Canon 851, 2º: Obligatoriedad de la catequesis prebautismal para los padres y padrinos.
- Jeremías 1, 5: «Antes de formarte en el vientre te conocía».
- Génesis 1, 2: El Espíritu de Dios se cernía sobre las aguas.
- Evangelio según San Juan 3, 5: «El que no nazca del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios» (Diálogo con Nicodemo).
- Evangelio según San Mateo 3, 13; 28, 19–20 / San Marcos 16, 15–16: El Bautismo del Señor y la Gran Comisión a los Apóstoles.
- Evangelio según San Lucas 2, 51: María conservaba todas estas cosas en su corazón.
- Primera Carta de San Pedro 3, 20: El Arca de Noé y la salvación a través del agua como prefiguración.
- Tertuliano (De Baptismo) y San Agustín (De Baptismo contra Donatistas): Antecedentes de la figura jurídica y pastoral del sponsor y fideiussor (el que responde por la fe del bautizado).
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